Entrar Via

El éxtasis del dolor: Hasta que tu muerte nos separe. romance Capítulo 244

Valente sintió cada fibra se su cuerpo estallando de furia.

—Este hijo de…—, alzó su arma para apuntar al mismo tipo que no alcanzaba a verle el rostro.

Harper se levantó de su lugar y con una de las pinzas conectada a la batería le atravesó la espalda de un golpe, obligándolo a soltar el arma, antes de que la descarga le cubriera desde la punta de sus pies hasta la nuca, en un sacudón bestial que habría dejado inconsciente a cualquiera. Pero Valente no era cualquiera. Había invertido en entrenamientos con todo tipo de grupos de mercenarios. Y los cazadores había sido uno de los que llevaban ese tipo de descargas como uno de sus niveles.

La espalda del portugués se arqueó como si una serpiente se deslizara bajo su piel, las venas le sobresalieron en los brazos, la cabeza se echó hacia atrás y un gruñido inhumano, como el de un león electrocutado, le brotó de la garganta.

Harper aprovechó su único segundo de ventaja. Giró el cuerpo y buscó el arma que se había deslizado por el piso. Quería volarle la cabeza. Ver su cerebro salir disparado por la boca. Porque solo muerto ese hombre dejaría de ser un dios con alma de bestia.

Alcanzó a tomarla y apuntó de inmediato desde el suelo, directo a la frente…

Un balazo le perforó el hombro izquierdo antes de que pudiera tocar el gatillo, viéndose en la necesidad de rodar para no ser alcanzada por la lluvia de balas que la siguió hasta donde empujó a Fannie con ella, estrellándose contra la pared.

Se quejó por primera vez. Un grito de frustración y dolor. Se arrastró como pudo, sin soltar el arma, pero ya sin oportunidad del único disparo que quería.

Valente se giró, viendo la pinza que habían desconectado, aún colgando, humeante, incrustada en su carne como una espina metálica.

Y en lugar de debilitarlo, parecía que lo había recargado, pese a la sangre que goteaba de su espalda. Su rostro estaba cubierto de sudor, el cabello rubio le caía por la frente, y su camisa se adhería al torso como piel fundida.

—No sabes lo que acabas de despertar —masculló, arrancándose la pinza con una lentitud que helaba la sangre.

Harper lo miró, aturdida, jadeando, con la visión borrosa. Y recordó que él se entrenó con cazadores. Con torturadores.

Con monstruos.

Las descargas no lo quebraban. Las sobrevivía como parte de su evolución.

—Debemos salir… —susurró, mientras apretaba los dientes y se impulsaba hacia donde estaba Fannie, que aún gemía entre sollozos. Pero alcanzaba a ver a Franzua sostener dos armas en alto, pegado a la puerta, disparando para abrirle camino a ellas dos. Harper entendió y supo cuál era su única salida.

Tomó a Fannie del brazo y la arrastró hacia la ventana, mientras una ráfaga de balas atravesaba la sala, siguiéndolas. No había opción, por ello se lanzó hacia el exterior, rodando entre pedazos de madera y metal apilados que la lastimaron más. Valente le arrebató el arma a uno de sus hombres y se dirigió en la misma dirección.

Cristóbal, que hasta se arrastraba lejos del fuego, dejando de fingir estar atado, rodó por el suelo y se lanzó hacia una de las columnas, esquivando el fuego cruzado.

Valente llegó a la ventana, pero antes de disparar contra las dos mujeres que huían de las balas, pudo ver a uno de sus vigías caer y estrellarse contra la base del muro. Se giró, oyendo en distintos puntos algunos ruidos similares.

Los disparos llovían como cuchillas. Los gritos de los hombres de Valente llenaban el lugar. Uno cayó frente a él al querer refugiarse. Otro fue partido en dos por un disparo directo al pecho y él encontró la dirección de procedencia.

Desde lo alto, el sonido rotores cortando el aire se sumó al caos.

—¡Un helicóptero! —vociferó uno de los vigías—. ¡Un heli…!

Valente alzó la mirada solo para verlo caer con la cabeza partida en dos

Justo detrás de muerto, un hombre se levantó como un demonio renacido del humo.

Vestido con remera negra y chaqueta de cuero, recibiendo un artefacto con una sonrisa descarada.

En sus manos, la bazuca con puntería térmica que se acomodó en el hombro. Y el objetivo era él.

—Este es tu purgatorio, y yo soy quién da el acceso al infierno— dijo Asher.

El rubio no lo pensó. Se giró y corrió justo cuando el misil fue disparado.

El impacto fue una sinfonía apocalíptica.

Las paredes temblaron. El fuego se tragó el suelo. Todo se volvió un estruendo de cristales, acero y carne volando en direcciones caóticas.

Harper cayó al otro lado, rodando con Fannie entre brazos como una bestia protectora. Cristóbal los siguió a segundos de ser alcanzado por una viga en llamas.

Capítulo 244. 1

Capítulo 244. 2

Capítulo 244. 3

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El éxtasis del dolor: Hasta que tu muerte nos separe.