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El éxtasis del dolor: Hasta que tu muerte nos separe. romance Capítulo 248

—¿Quienes son ustedes?—, Livia tenía el corazón en la garganta al verse rodeada de rostros que no conocía, pero debía seguir por el simple hecho de que no había una sola opción aparte de esa—. ¿No hablarán? Cuando Valente…

—No es necesario ser bruscos con la dama—, el acento ruso la hizo alzar la mirada y ver el rostro del sujeto la hizo desear no haberlo hecho. No lo conocía, pero sentía que no tenía siquiera que verlo—. Liberen sus manos. Es una invitada, no una prisionera.

El abrigo colgaba desde sus hombros, zona en la cual los diamantes decoraban la tela, mientras ese cabello oscuro caía por sus orejas. El color en su mirada hacía sentir el glacial que cada portador de ese tono podría causar.

—¿Quién es usted? —, el tipo giró el cuello para mirarla mejor, y en ese movimiento, el cuello de su camisa se desplazó lo suficiente como para revelar parte de un tatuaje. Una corona rota, apenas visible, grabada con líneas tan limpias que parecían hechas con una aguja programada para ello solamente. Debajo había un ojo cerrado, sin párpados, sin pestañas. Como si durmiera… o esperara.

Livia no supo por qué, pero ese símbolo la paralizó. Pero sintió a su hijo moverse, más que nunca.

—No hagas preguntas—, respondió él con tranquilidad, mientras ella recuperaba la compostura—. Incluso los reyes saben cuándo morderse la lengua. —hizo un gesto sutil y los sujetos se dispersaron—. ¿Quieres a tu hijo a salvo… o siendo cazado?

—Mi hijo no estará a salvo más que con su padre o conmigo—, soltó titubeante.

El tipo sonrió y ella retrocedió. Quiso huir, aunque él la tomó del brazo sin ejercer fuerza… y aun así, la inmovilizó. Se inclinó a su oído y ella dejó de respirar. Pero él sólo le susurró algo y su pecho se detuvo, mirándolo con los ojos brillando.

—¿Quién eres para asegurar que puedes hacer algo así? —repitió, esta vez más bajo. —No soy a quien necesitas. Él tiene una esposa.

El tipo rió.

—Esa es la respuesta de alguien que no sabe cuán importante es para un tipo que tiene un solo punto de destrucción—, rozó su mejilla con los nudillos, como si evaluara una joya rota. —Si tú mueres, él se rompe. Y a mí no me sirve un monstruo descompuesto.

Livia frunció el ceño, sin comprender del todo. El silencio volvió a caer, espeso como aceite. Pero él no dejó de mirarla.

—No quiero a tu hijo. No te quiero a ti. Quiero a su padre.

—Él no es un monstruo que deba enjaular.

El sujeto se giró lentamente hacia el ventanal, donde la oscuridad del mar impedía que la embarcación fuese detectada. Se detuvo allí, con las manos entrelazadas a la espalda, como si no existiera nadie más en la sala.

—Valente Bohemond no obedece. No se arrodilla. No se alía. —Su voz sonaba distinta ahora, como si hablara de una criatura mítica—. Es un monstruo imposible de controlar… salvo por una cosa.

La miró por sobre el hombro.

—Tú.

Livia se quedó sin aliento. No dijo nada. No podía.

—Si para tener a mi favor a una de las bestias más letales de esta guerra debo proteger a la debilidad que lo mantiene en control, lo haré —continuó, girando completamente hacia ella—. Lo necesito. Funcional. Violento. Y de mi lado.

Se acercó un paso más. No había amenaza en su tono. Solo un hecho consumado.

—Su gente lo sabe. No se mueven sin su voz... o la de quien carga con su legado.

—No haré lo que tú quieras. No pienso irme contra nadie, sólo por…

—No te necesito dando órdenes, sólo estando, existiendo—, su mirada se clavó en su vientre. —Así que no confundas esto con protección. Por mi parte solo estás viva por utilidad.

—¿Contra quién es esto?

—Contra quien tenga a un rey y a un diablo como gobernante de su clan—, su corazón se detuvo. Solo a alguien llamaban de esa manera.

—Dijiste que incluso los reyes evitan hacer preguntas —insistió ella—. ¿Tú eres uno?

—Yo no. —Giró apenas el rostro—. Yo soy quien los hace caer.

Livia sintió una mano sujetando su codo. De ahí no tenía salida, salvo por…

Estaba mal de la cabeza por pensar en algo así, pero era la única posibilidad y de la misma forma en la que antes consideraba esa opción, ahora tomaba fuerza. Pero primero, debía salir de ese sitio.

Se dejó guiar a través de la embarcación, sabiendo que su hijo debía ser alejado de ese entorno cuanto antes. Más que nunca. Pero Valente no aparecía y su encuentro …podría no llegar a suceder.

Algunos Centinelas se lanzaron al agua en cuanto llegaron al punto donde las partes destrozadas de una aeronave flotaban. Las luces avisaron de la presencia de más helicópteros y eso no pintaba bien para ellos.

Anthony escuchó la alerta de estar siendo atacados y las maniobras para evadir tales misiles comenzaron. Las bengalas se dispersaron atrapando las explosiones que iluminaban el cielo, antes de que en un giro violento, Adrián fuera el primero en presionar el botón para enviar el misil que rugió en medio del fuego que iluminaba su paso.

—Quiero a todos derribados—, dispuso el líder.

Capítulo 248. 1

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