Mientras la besaba, Julián murmuró contra sus labios:
—Vane, tarde o temprano se enterará de quién eres. ¿No es mejor que nos vea así ahora para que el golpe sea más devastador después?
Ante los ojos de los demás, la escena se veía increíblemente apasionada y romántica, como una pareja demostrando su amor sin tapujos frente a la alta sociedad.
Vanesa entendía la frustración acumulada de Julián, así que no se opuso. Simplemente se dejó llevar y le siguió el juego.
Él, por supuesto, adivinó sus pensamientos y profundizó el beso con intensidad, ignorando por completo las miradas atónitas de los presentes.
Las luces del salón comenzaron a encenderse gradualmente, iluminando por completo la íntima escena que protagonizaban.
No fue hasta que a Vanesa le faltó el aire que apoyó las manos en el pecho de Julián para detenerlo.
Él la soltó lentamente.
Desde su asiento, Don Armando observaba con el rostro endurecido.
Alguien a su lado bromeó para romper el hielo: —Don Armando, con lo enamorados que se ven el Señor Jiménez y su esposa, seguro que pronto nos dará la sorpresa de que ya viene el bisnieto en camino.
Si no hubieran tocado el tema, Don Armando se habría mantenido al margen. Pero la sola mención de un heredero hizo que su expresión se volviera aún más sombría.
Aun así, por mantener las apariencias, no los avergonzó en público.
—Las cosas de los jóvenes escapan a mi control —respondió secamente, dejando claro que no quería seguir hablando del asunto.
Los invitados, captando la indirecta, cambiaron de tema de inmediato.
Mientras tanto, tras soltar a Vanesa, Julián apoyó su barbilla sobre el cabello de ella, respirando un poco agitado. Vanesa mantenía las manos sobre la cintura de él, tratando de recuperar el aliento.
—Espérame aquí un segundo. Voy a despedirme de mi abuelo y nos vamos —le dijo Julián de manera directa.
—De acuerdo —asintió ella.
Julián se separó y caminó hacia donde estaba Don Armando.
El anciano patriarca lo recibió con una risa fría.
—¡Julián, te crees que esto es el patio de tu casa para hacer tu espectáculo frente a todos estos empresarios! —le recriminó Don Armando sin piedad.
—Abuelo, querías un bisnieto, ¿no? Solo me voy a casa temprano para cumplir con tus exigencias —respondió Julián con total descaro, sin mostrarle ni una pizca de respeto.

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