Capítulo 301
Esa mañana, el aeropuerto bullía de movimiento, y aun así había una calidez tranquila. La luz del sol entraba por la ventana y derramaba su destello dorado sobre el piso. Althea sostenía con fuerza la mano de Chase, mientras que, a su otro lado, Josh caminaba a pasitos cortos, aferrado a su robot amarillo favorito.
-Todavía no puedo creer que ustedes dos se vayan hoy -dijo Riana Miller con una sonrisa nostálgica, paseando la mirada entre Althea y Chase-. Siento que se casaron apenas ayer...y ya se van a Japón de luna de miel.
Althea sonrió, aunque los ojos le brillaban de emoción.
-El tiempo vuela, ¿verdad, mamá?
-Que tengan un viaje maravilloso, Althea -añadió Kate con calidez.
En la sala de espera del aeropuerto, casi todos habían venido a despedirlos. No habían planeado avisarle a nadie pero, como era de esperarse, Josh les había anunciado entusiasmado a todos que sus papás se iban de luna de miel.
-Gracias, señora. -Althea se volvió hacia su hijo, con la voz suave por la duda que aún la acompañaba -. Josh, mi amor... ¿De verdad estás seguro de que no quieres venir con mami?
Kate exhaló con suavidad y miró al pequeño que estaba parado junto a Daven.
-No te preocupes, Althea. Yo lo voy a cuidar muy bien. Le haremos compañía todos los días. Y en cuanto a la escuela, Daven ya hizo los arreglos.
¿Verdad, Dav?
-Sí -dijo Daven con una sonrisa pequeña pero sincera-. Tu mamá tiene razón. Ustedes dos vayan y disfruten.
Llevaba en la voz una fuerza tranquila, aunque Althea alcanzaba a percibir el peso que la sostenía.
Soltar no le resultó fácil; pero, después de todo lo que pasó, la honestidad le trajo su clase de paz.
Saber que Althea por fin contó la verdad sobre quién era el padre de Josh fue suficiente para él.
Josh levantó la manita con seguridad.
-¡No te preocupes, mami! Voy a portarme muy bien mientras tú y papi Chase no estén. ¡Papá Guapo y abuelita Kate prometieron cuidarme!
Las risas recorrieron al grupo por su tono tan serio.
-¿Lo ven? -Rio Kate-. Hasta él me da las mejores recomendaciones.
Daven se inclinó y le alisó a Josh el cabello despeinado.
-Yo también voy a cuidarlo, Althea. No tienes de qué preocuparte. -La voz le salió baja pero firme, con una sinceridad serena-. Josh no va a estar solo.
Althea le sostuvo la mirada; los labios le temblaron antes de lograr asentir apenas.
-Gracias, Daven.
-Siempre.
Riana, que observaba desde un lado, profundizó la sonrisa con cariño.
-Althea, mi amor, asegúrate de disfrutar este viaje. No te lo pases pensando en el trabajo ni en nada más. -Pasó la mirada a Chase-. Y tú, hijo, encárgate de eso.
Chase se rio suavemente.
-Sí, mamá. Me voy a asegurar de que disfrute cada segundo.
Daniel Miller le dio una palımada a Chase en el hombro, con orgullo en los ojos.
-Has estado trabajando duro, hijo. Aprovecha este tiempo para disfrutar a tu esposa. En cuanto a Josh, te ayudamos. Cale y Chris ya se ofrecieron a ayudar cuando Daven esté ocupado.
-Sí, ya hicimos un calendario -añadió Karina con alegría-. La primera semana se queda en la casa de los Callister, y la segunda con los Miller.
Felicia rio bajito.
-Y cuando me toque a mí, me llevo a Josh a la tienda. Va a ser mi cajerito por un día. Estoy segura de que los clientes se van a enamorar de él.
-Es un niño -respondió Kate sin darle importancia-. Déjalo ser feliz.
Las bocinas del aeropuerto crepitaron al activarse:
último llamado a abordar para Tokio. Chase se volvió hacia Althea y le tendió la mano.
-Es hora de irnos, mi amor.
Althea miró a Josh una vez más antes de jalarlo a un abrazo apretado.
-Mami te ama, Josh.
-Yo también te amo, mami -susurró Josh con la voz temblorosa, conteniendo las lágrimas-. Ya papi Chase también.
Althea lo soltó despacio y tomó la mano de Chase.
Juntos caminaron hacia la puerta, pero ella se volvió una vez más. Ahí estaban: Kate sostenía la mano de Josh, Daven se mantenía protector junto a ellos, y la familia Miller, formada en fila, despedía con la mano.
La risa de Josh resonó por encima del bullicio de la terminal.
-¡No olvides mi ninja, mami!
Althea rio entre lágrimas. Chase le pasó un brazo por los hombros y le susurró:
-Míralos. En serio ya tenemos una familia grande.
Althea miró atrás una última vez antes de que el avión despegara.
-Sí -dijo con suavidad-. Una familia que por fin hizo las paces con el pasado.
Y en ese momento, entre sonrisas, lágrimas y promesas de regreso, el aire matinal del aeropuerto fue testigo de una verdad sencilla: el amor, por más herido que esté, siempre encuentra el camino a casa.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...