NARRADORA
—Toma aire por la nariz, amor… lento, preciosa… así… —le dio un respiro, y antes de que Nana volviera a ponerse la coraza, la besó de nuevo.
Su cuerpo más alto la arrinconó en la oscuridad del alero.
Con la música de fondo y las risas a lo lejos, ellos se acariciaban y besaban lentamente, rodeados de sonidos eróticos.
El corazón de Nana estaba a punto de salirse de su pecho.
—Mmmm… sshhh… — siseó vibrando con el cosquilleo en su vientre y entre sus piernas.
Todo parecía perfecto, pero de repente el beso aumentó de intensidad y las manos del macho bajaron a apretar sus nalgas con lujuria.
La dura y fiera erección se frotaba vigorosa contra su vientre.
Gruñidos lobunos comenzaron a salir de la boca de William, donde unos caninos enormes empezaron a emerger.
—No, no, ¡maldición! —William dio un paso atrás, jadeando, dejando a Nana desconcertada.
Enseguida pensó que había hecho algo mal. Seguramente era eso.
William descubrió que era una mojigata.
—Yo… lo lamento… —se disculpó con los ojos enrojeciéndose, esto había sido demasiado bueno para ser verdad.
—¿Qué? No, no, nena… solo… joder, ¿por qué ahora? —William necesitaba alejarse de su mate o sentía que cometería una locura, y ahora mismo lo que menos ella necesitaba era a un lobo cachondo y sobreexcitado.
—No hiciste… nada, Nana —subió la mirada con las pupilas en rojo, sus facciones como una bestia salvaje y las calientes feromonas la estaban estimulando.
“Él va a entrar en su ciclo de celo”. Reina estaba respirando agitada, su propio ciclo sincronizándose con el de su macho.
Las omegas siempre eran las más fértiles y “dispuestas” de la manada.
—Te… te enviaré con alguien de confianza, tranquila… es mi… mi celo… pero no pasa nada…
—¿Con quién lo vas a pasar? — repentinamente, Nana le preguntó frunciendo el ceño.
Por supuesto, frente a la necesidad, él seguro buscaría a otra hembra.
Todos los machos eran iguales.
—Lo pasaré solo… no es la primera vez que lo hago —William apenas le podía responder.
Le estaba dando más fuerte que nunca.
El haber intimado con su destinada había activado los instintos primitivos de su lobo.
—Nana, lo que te ofrezco es serio, no estoy jugando contigo… yo… te quiero sinceramente… puedo cuidarte… y jamás te traicionaré con otra.
Con el último resquicio de autocontrol, William le dijo, dando un paso adelante para besarla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...