Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 560

NARRADORA

William comenzó a comprarle todo tipo de cosas dulces que la tenían chasqueando los labios y salivando con las delicias.

Las pupilas afiladas del macho se fijaron en esos labios regordetes, brillando en azúcar, aguantando las ganas de chupárselos y lamerlos.

Nana era una mezcla de inocente seducción.

Ella misma no se daba cuenta de lo que encendía en su interior con cada gesto.

De repente se dio cuenta de que la atención de Nana se quedó fija en unos collares de piedras brillantes.

—Deme ese turquesa —le pidió a la hembra que los tejía, pagándole con unas monedas que Nana nunca había visto antes.

—Para ti —William se lo ofreció mirando su cuello blanco al descubierto.

—No, no debiste comprarlo…

—Pero quise hacerlo, es un regalo para ti —insistió colocándoselo alrededor del cuello, acariciando su piel “sin querer”.

—Yo… no tengo nada para regalarte —ante la respuesta de la omega, William se quedó algo perplejo… si ella pudiese leer su mente.

“Nena, que existas ya es el regalo más increíble que me han hecho.”

—Entonces, tengo una idea para mi regalo, vamos —William aprendió de las batallas: si ya había ganado una pulgada, tomaría más terreno.

La tomó de la mano para llevarla al centro de la plaza, donde unos músicos improvisados tocaban y las parejas bailaban cada una en su espacio.

—Espera… ¿qué?... —Nana se vio de repente siendo guiada por pasos que ni entendía.

Torpemente, lo siguió. William apretaba su cintura y tomó su otra mano en el aire.

Su pecho casi pegado a los fuertes pectorales y, al mirar hacia arriba, los ojos tan brillantes y hermosos del Beta la devoraban con hambre y deseo.

Pero no era como ese hombre cruel… William se sentía diferente en todos los sentidos.

Nana se perdió en su sonrisa sutil, en su calor, en la seguridad que desprendían sus brazos.

A través de las pupilas de su humano, Duain veía a la increíble mujer que estaba reviviendo su corazón moribundo.

—¡Auch! —William de repente protestó cuando el piecito de Nana le pisó el suyo.

Obviamente, todo fue un dulce engaño.

—¡Lo lamento! ¡Te dije que no sabía bailar! —la cara de la omega se puso rojo tomate.

La mano tosca se cerraba sobre su cintura, la espalda sudada contra la pared.

Nana no pudo decir que no, aunque quisiera, todos sus instintos gritaban que sí…

¿Qué se sentiría ser besada por alguien que te deseara con sinceridad?

Cerró los ojos, con el corazón dándole un vuelco.

William tuvo que controlarse, las yemas de sus dedos subieron a acariciar la suave pulpa.

Su lengua salió para lamer lentamente, saboreando el sabor más dulce que había probado en su vida.

Chupó el labio inferior gruñendo ronco y cuando Nana gimió, penetró en esa caliente cavidad.

Sus labios finos se movieron bien lento y delicioso sobre los más gruesos.

Nana lo seguía torpemente y su inexperiencia solo prendió el fuego intenso en su interior.

Su mano masculina se trasladó hacia su nuca y la otra acarició su espalda baja, pegándola a él mientras la besaba con pasión, con deseo crudo.

Su lengua enredó la de su omega, gruñendo de placer en su boca y robándole el aliento.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación