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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 793

ABIGAIL

De todas las ideas geniales que se me ocurrieron, esta se pasó de pésima.

Regresaba a casa bastante enfadada con Hannah, mi hermana gemela, aunque ciertamente nos parecíamos bien poco.

A ver… ¿por qué era necesario siempre comportarse como la versión en falda de papá?

Ah, no, ni siquiera en falda, no había quien metiera el enorme trasero ese que tenía dentro de un vestido.

Amaba ir de marimacha con pantalones, peleando con cuanto bicho se le atravesara en el camino y jugando a la heroína.

Cuando me dijo que se internaría en esa ciénaga pantanosa a buscar a los rebeldes, hice un berrinche ahí mismo.

Mis botines ya estaban hasta las narices de lodo, no me metería en esa niebla apestosa ni aunque me pagaran.

Sin embargo, no llegué muy lejos cuando las cosas se pusieron difíciles para mí.

No sé por qué, pero de repente la fina cota de malla con magia helada de Hannah, comenzó a fallar.

Ese artilugio que siempre llevaba en mi cuerpo, contra mi piel, como un frágil escudo, era lo único que me podía ayudar a controlar el temperamento atroz de mi loba de fuego.

Soy una Beta Centuria, al igual que mi madre. Llevo dos espíritus de lobas en mi interior.

El que todos los hombres lobos poseen y otra repleta de magia peligrosa y volátil que no he logrado controlar.

Lucha por sobrepasarme a cada segundo y consumirme por dentro.

Las Centurias necesitamos a un compañero extremadamente fuerte; los ideales son los hombres del Clan de Invierno.

Su magia de hielo controlaba las llamas de nuestra parte animal.

Pero habían pasado el tiempo y ninguno me atraía lo suficiente como para dar el paso final.

Así que sí… soy una virgencita y los años no me caen muy lentos que digamos.

Ahora vago por este pantanal, buscando a mi gemela para que me eche una manito, pero me falla un poco el instinto animal.

Mi loba Bryda se sumergió en mi peligroso mundo interior para intentar controlar a mi otra mitad y aplacarla.

—Me separé aquí de Hannah, debe andar cerca —murmuré cuando llegué al punto conocido.

Resoplando, me subí el vestido que ya estaba hecho un desastre y vagué un poco más por los alrededores.

Con tan buena… o mala… suerte, me encontré con un pequeño campamento de esos hechiceros rebeldes.

Sabía que eran más de ellos y que en fondo, si hacían algo peligroso, pondrían en peligro a mi manada del pantano.

Otro plan aún más descabellado se me ocurrió.

Segura de que Hannah seguiría mi rastro y vendría a rescatarme… porque siempre lo hacía… me dejé capturar y fingí debilidad.

La fingí con tanta pasión por el teatro, que empecé a sentirme mal de verdad.

Las olas de sofocación me estaban ahogando.

Bryda apenas y podía contener las llamas.

Con mi magia inestable y mi loba interior ausente, era una supernova a punto de explotar y mi mal humor crecía también a raudales.

Entonces apareció ese macho, de la nada, y comenzó a actuar por su cuenta.

Mira que moví los ojos para todos lados y hasta intenté hablarle, pero él estaba empecinado en hacer de héroe y ni siquiera aprovechó la oportunidad de sacarles nada en claro.

Yo tampoco lo hice. Estaba tan enojada que actué también de manera impulsiva.

Todo fue para nada.

Mis pupilas fulguraron al detallar ese rostro masculino y debía admitir que era bien sexy.

Cabello rojizo, ojos azules intensos, tamaño descomunal, músculos tonificados y esa aura agresiva y llena de peligro.

Definitivamente, uno de esos lycan forasteros y, por lo que he escuchado, debe ser el hijo de los reyes… creo que son dos machos, no sé mucho de su familia.

Si son dos… este no debe ser el más aventajado. Mira que tomarse esa posición sin pensar en las consecuencias.

¡¿Qué diantres me sucede?!

Mi rodilla subió, impulsada por todo el caos que llevaba dentro.

Por supuesto, él no estaba al nivel de esos magos de cuarta; saltó en un pestañeo, alejándose y nos quedamos mirando en la distancia.

Su expresión era pensativa y no quería ni imaginarme lo que pasaba por la mente de ese sexy lunático.

Tampoco tuve tiempo de averiguarlo, porque una oleada de fuego, llegó implacable.

—Mnn —me llevé la mano al pecho, jadeando vapor por entre los labios.

—¿Qué te sucede? ¿Estás herida?

—¡No te me acerques! —di un paso atrás, resistiendo.

Necesitaba irme y encontrarme con Hannah o podía morir en este pantano y lo peor: ¡siendo virgen!

¡No había nada peor que eso!

Hice por dar media vuelta, pero él seguía como perro con hueso.

—Mira, no sé a qué juegas, pero mejor te llevo a donde vives. ¿Eres de la manada del pantano, cierto? —me preguntó.

Estuve tentada a negarme; este macho era demasiado extraño. Abrí la boca y la cerré, frunciendo el ceño.

—Creo que mejor me voy sola…

—Sé que piensas que soy un pervertido y no te miento, nena, estoy intentando controlarme contigo… —respondió, dando algunos pasos hacia mí y yo retrocedí.

—Eres rarita, pero de una manera retorcida que me la está poniendo bien dura… ¡maldición!

Él mismo interrumpió sus vulgaridades, mordiéndose con saña el labio inferior para callarse.

Esto era tan loco, pero con en un destello de claridad… comprendí lo que sucedía.

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