NARRADORA
—Yo espero que sí. Que Fenrir esta vez aproveche la oportunidad que le hemos creado entre todos.
Valeria suspiró, dejándose acariciar el vientre por esas manos enormes y reconfortantes.
En su corazón, también estaba un poco preocupada.
Solo le quedaba Fenrir. De una manera u otra, cada uno había encontrado su propia felicidad y la experimentaba con su pareja.
Pensó que Laziel era el que le iba a dar más dolores de cabeza y mira que espabilado le había salido el nieto.
Aldric achicó los ojos con un poco de burla en su interior.
Vio a Magnus en una esquina oscura intentando meterle mano a su hembrota y Fenrir parecía un perrito con la cola caída detrás de su pelirroja.
—Uno tan aventajado y el otro es un idiota, ¿a quién habrá salido ese hijo mío?
La boca de Valeria hizo un arco de sonrisa donde Aldric no la podía ver.
Lo decía el hombre que se demoró lo suyo para aceptarla como mate y hablar claro de sus sentimientos.
Eso sin contar los errores de ella.
Parece que todos sus problemas de comunicación los heredó Fenrir.
Solo esperaba que hoy… su cachorro pudiese decir de nuevo la verdad… y nada más que la verdad.
*****
—Voy a luchar por ser el primero y pedir unas horas contigo, pequeña. Solo una cita tranquila, Abiga… solo hablar y conocernos.
Fue lo que Fenrir le dijo bajo la plataforma de madera improvisada.
Abigail se quedó mirándolo fijamente, pero no respondió nada hasta que, de repente, una mujer del pantano, bien robusta y de cabello negro, se atravesó entre las miradas ambiguas de ambos.
—Si ella no quiere, que sepas que hay más opciones disponibles —subió y bajó las cejas con picardía, empinando los pechotes.
—¡Lorena, deja de ser una ofrecida y quítate del medio! —Abigail le gritó, insultada.
—¡Oye, Abiga, estás como ese perro que no come ni deja comer! —se giró con las manos en las anchas caderas y la larga trenza colgando a su espalda.
De paso, empinó un poco las pompis hacia Fenrir para tentarlo.
—¿No dijiste que te gustaba Dago? ¡Mira, allí está haciéndote ojitos y va a participar! —Abigail le señaló a un macho de cabello rubio.
—Eso era antes, querida, pero llegó mercancía nueva y de primera categoría… — Lorena se giró para darle otra mirada lasciva a Fenrir de arriba abajo.
Todos los cabellos del cuerpo del lycan se erizaron del repelús.
—Mejor voy a competir —murmuró, queriendo escapar y dejando la pelea atrás.
Pero la actitud de Abigail le dio esperanzas y lo inyectó con sangre de pollo loco para ganar sí o sí esa carrera suicida por todo el pantano.
*****
Gale le anunció, y Fenrir se movió en esa dirección.
Pronto dio con la orilla indicada y ahí estaban solo dos botes y dos tipos desmayados.
Parece que habían peleado entre ellos.
Le estaban tomando ventaja. Estos hombres se sabían atajos y trucos del pantano que él no conocía.
Lo peor fue lo que encontró cuando llegó a los botes.
Uno había sido agujereado y ya se estaba hundiendo y el otro…
“Joder, qué asco… y apuesto lo que sea a que son venenosas”, ambos miraron a las serpientes que se enroscaban en el fondo.
Hacían que el cuero cabelludo hormigueara al ver todos esos cuerpos retorciéndose uno encima del otro.
Las anillas brillantes indicaban que eran venenosas.
“¡Mira, no anda lejos!”, el sonido de remos y la figura de una barca que se perdía en la bruma, revelaron que el saboteador se acababa de marchar.
Además, pisadas llegaban desde el bosque.
—Si él no se envenenó y las metió aquí adentro, entonces voy a devolvérselas —Fenrir era un hombre de decisiones rápidas y no solo para embarrarla.
Tomó dos remos dejados en la orilla y saltó dentro de la barca.
La persecución comenzaba…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...