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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 836

NARRADORA

Ahora que la calentura había pasado, se preguntaba si esta decisión impulsiva sería la correcta.

O sea, Lavinia parecía una buena persona, pero era una hechicera y no tenía muy buena opinión de esa raza.

Por lo menos, de los magos que habitaban en este continente, pero Theron provenía de otro sitio.

Su morro se elevó hacia el agujero por donde entraban los rayos de sol.

¿Y si luego deseaba regresar y no podía? ¿De verdad la aceptarían en un mundo donde los hombres bestia eran raros?

Repentinamente, una lamida suave cayó en su naricita y sus orbes se enfrentaron a los lobunos de su mate.

“No tengas miedo, Zera… no te pongas nerviosa. Te voy a cuidar, mi amor, y nadie te va a tratar mal.”

El alma de la leona se llenó de calidez y asintió, pensando en cómo revelarle luego la verdad a Theron.

Era imposible ocultar su identidad, bastaba con encontrarse con la mate de Aidan y el príncipe de invierno para ser reconocida.

Mientras Theron avanzaba hacia el pasaje mágico que llevaba a sus tierras, Zeraphina se despidió de su continente, al que no regresaría en un buen tiempo.

Y la verdad, tampoco extrañaría demasiado.

“Lavi, ¿por qué no vas con nosotros?”, en el umbral, a punto de ser engullido, Theron le preguntó a su hermana.

Lavinia se había quedado detrás de ellos, parada sin avanzar.

“Iré después, voy a reunirme con Laziel en la fortaleza de Victoria. Necesitamos darle fin a los asuntos del árbol maldito. No te preocupes, regresaré hoy para la cena que mamá le está preparando a tu mate.”

Theron bufó. Esas dos le hicieron la cama y él fue directo a acostarse… afortunadamente.

“Ya veo que fui muy predecible para ustedes. No tardes.” El gruñido hosco de Theron desapareció en el vórtice.

Zera también se había despedido de su cuñada, que se quedó mirando a la nada con una sonrisa de medio lado.

— Qué rápido crecieron mis gemelos —, la hechicera suspiró, moviendo sus manos y cambiando los sellos para modificar el pasaje.

“Me debes.” La voz de Electra habló en su mente y Lavinia puso los ojos en blanco.

“Sigues siendo una bruja mezquina”, masculló bufando.

De verdad, que solo apostaron en el tiempo que Theron caería enredado en las redes del amor.

Lavinia pensó que la leona se resistiría más, pero las cosas marcharon a un ritmo vertiginoso.

“Te estoy escuchando, Lavinia, dime si quieres que me ponga a cantar de nuevo en tu próximo encuentro indecente con ese Nocturne.”

Lavinia se estremeció al recordar la ópera de becerra de Electra, solo para fastidiarla.

“No, no, por favor, que aún estoy averiguando cómo removerme los oídos”, tuvo escalofríos mientras atravesaba su propio portal.

"Electra, deja a nuestra pobre maga en paz" la voz conciliadora de César siempre venía a amansar a la fiera De La Croix y llevársela con él.

Gracias a todos los cielos por su presencia. Solo él podía controlar por completo a Electra.

Al menos todos habían hecho las paces y felices como perdices.

Y hablando de felicidad, Lavinia puso los pies sobre uno de los patios internos de la enorme fortaleza del Lord Lobo Drakomir.

Los campos de entrenamientos ya estaban llenos de guerreros entrenando.

Los sirvientes se movían de un lado a otro, poniendo la mesa para el desayuno y atendiendo cualquier necesidad de la distinguida familia.

La vida en el amplio continente unificado despertaba.

Los únicos que aún remoloneaban en la cama eran los monarcas de estas tierras.

Drakomir bajó los labios y le dio besos tiernos, sintiendo el estremecimiento de su hembra bajo sus mimos.

Se revolvió un poco murmurando algo de que le dolía el trasero.

La sonrisa del Lord se amplió con tanto placer recorriéndolo.

“Mi hermosa vampira… gracias por aceptarme, mujer hermosa.”

Las palabras salieron con la misma honestidad con que había dicho sus votos de unión.

Aunque reacio, la dejó en la cama, besuqueándola un poco más y yendo a atender todos sus asuntos que ahora solo se acumulaban.

Cuando el Señor de los Lobos se paró frente al espejo del baño y vio prácticamente su cuerpo entero marcado por punciones de colmillos, en vez de espantarse, sintió el calor concentrarse en su ingle.

Bajó la mirada para ver su grueso pene semierecto.

— Ni siquiera tú te salvaste de ser mordido… —bufó, agarrándose la polla y viendo las marcas en el eje.

Quién le diría que un hombre como él, tan "vampirófobo", terminaría dejándose succionar por la deliciosa boca de una hembra proveniente de esa raza.

— Recupérate rápido, porque hoy hay acción de nuevo y vas a ser destrozado muchachote.

Habló con su propio miembro mientras halaba la soga del servicio para que le enviaran desde las calderas, el agua caliente a través de las tuberías.

Se dejaría drenar hasta la saciedad si era preciso. Amaba a Victoria más que a su vida y haría todo por satisfacerla.

El pensar de nuevo en sus mordidas eróticas y en su hembra montándolo salvajemente como anoche, lo llevó a gruñir con ganas de regresarse a la cama para seducirla.

Pero en medio de su indecisión, una voz bastante desagradable se filtró en sus pensamientos lascivos, amargándole toda la lujuria.

“Drakomir, necesito que dejes de hacer el vago y te levantes de una buena vez. Requiero tu ayuda con un asunto.”

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