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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 837

NARRADORA

— Joder con el suegrito tóxico —, Drakomir se apretó el puente nasal.

“Al menos déjame lavarme las bolas, ¿no?”, le respondió sin pelos en la lengua.

Es más, disfrutaría mucho del día de hoy.

Ya quería ver la cara de ese príncipe snob cuando supiese que habían consumado todo hasta el final.

“Mejor te callas y apúrate, porque si me sigo imaginando dónde estuvieron esas asquerosidades, soy capaz de cortártelas.”

“¿Y quedarte sin nietos? No lo creo… suegrito.”

Metiéndose en el agua caliente, la sonrisa de bastardo desgraciado se amplió en la boca de Drakomir.

Qué extraño que Zarek le pidiese ayuda.

Ya le picaba la curiosidad y pronto supo cuál era su misión.

Mentirle a Rousse y alejarlo con la excusa de una falsa misión.

Drakomir se iba a oponer, por supuesto. Que como siempre le iba a joder todos sus planes.

Además, no quería estar lejos de Victoria unos días, pero cuando supo el motivo, decidió entrar en el juego.

Meridiana era especial para todos, ella y Rousse se merecerían la bendición que estaba por llegarles.

Sin embargo, las cosas aún estaban por verse… no era seguro que los experimentos de Zarek funcionaran siempre.

******

— ¿Estás lista?

La voz del príncipe se escuchó en el espacio de paredes frías, y saturada con un olor intenso a desinfectantes.

La mujer hermosa y delicada sobre la camilla asintió lentamente.

— Meridiana, tranquila… recuerda que no solo soy un vampiro, llevo la sangre de las primeras Selenias —le apretó el hombro al sentir los latidos erráticos de su corazón.

Ella estaba nerviosa y no era para menos.

— Confío en ti… en ustedes… —la pequeña hechicera, agregó.

La mano que descansaba sobre la dura superficie estaba siendo sostenida por Victoria, que había decidido acompañar a su padre.

Esta era una sección del mundo interior de Zarek.

Parecía una pequeña sala de baldosas blancas y luces frías flotando en el aire.

El ambiente olía a metal, muy impersonal y hasta opresivo.

La fortaleza entera se selló por Lavinia y Laziel para impedir cualquier perturbación.

Era necesario que todo saliera perfecto, nada podía fallar o la sorpresa para Rousse se convertiría en tragedia.

Celine se paseaba de un lado a otro en su cuarto, acariciando su vientre para calmar las ansias de noticias.

Lyra la vigilaba sentada en el asiento, intentando leerse un libro que no pasaba de la primera página.

Su Drakkar también se había marchado para engañar a Rousse de la gravedad en la misión.

Su loba siempre andaba babeando sobre su lobo. Era una descarada dispuesta a todo por seducirlo.

— Bueno… tus pies siguen hinchados —Vincent miró angustiado a los piecitos forrados en unos cómodos botines y luego de regreso a la panza de varios meses que ya se le veía a su hembra.

— Es normal, deja de fruncir el ceño —Amber sonrió, alisándole la frente con el dedo para luego erguirse y besarle la mejilla.

Su otra mano llevaba unas hermosas flores que le iban a dedicar a una vieja amiga y familia.

Sin embargo, llegando a la cima de la colina bañada por la luz de la luna, Vincent se detuvo a algunos metros de distancia de una figura solitaria.

Amber también siguió sus ojos para descubrir a una pequeña mujer, con el cabello claro y dándole la espalda a ellos.

“¿Quién es?” Amber no la identificaba, pero era demasiado raro que alguien visitara la tumba de Isabella, más allá de su familia.

“Amber, no te distraigas, es una hechicera, puede haber peligro.” Vincent se tensó.

Con su hembra embarazada, sus instintos protectores estaban al mil por ciento.

Fue a dar un paso atrás; prefería marcharse.

En el fondo, los hechiceros y los hombres lobos no se soportaban mucho en este continente.

Pero en un instante, la mujer se giró y los miró fijamente.

— ¿Lisa…? —Amber murmuró, revolviéndose para bajar ansiosa de los brazos de su mate.

Ese rostro no lo conocía, pero esas pupilas esmeraldas, llenas de vitalidad y luz, las reconocería donde fueran.

— Espera, Amber… ella no es Lisa…

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