NARRADORA
POCOS DÍAS DESPUÉS…
Rousse nunca había estado de tan mal humor en su vida.
Zarek le pidió de favor que acompañara a Drakomir para resolver una difícil situación.
Pero después de un viaje bastante largo, resultó que la rebelión había sido “controlada”.
Rousse se sentía inquieto. Algo le olía a mentiras en toda esta historia.
Alejarse de nuevo de su compañera no le hizo ninguna gracia.
Así que regresó de primero, sin siquiera esperar a Drakkar y Drakomir, que andaban también en la comitiva.
Drakkar siempre aprovechando para sacar información de su consejero, el Lord.
A estas alturas escribiría un libro y podría dar cátedra de sexo.
Cuando Rousse llegó a la fortaleza, sus alarmas saltaron por completo.
Una enorme barrera se erigía fuera de las murallas.
Intentó convocar su poder o llamar a Zarek, pero la energía rebotaba sin encontrar su destino.
Con las ansias saliéndose de control, comenzó a rodear la fortaleza, buscando un escondrijo.
Afuera, las casas se mantenían intactas; los pueblos mixtos de vampiros y hombres lobo estaban en aparente paz.
Entonces, ¿por qué la fortaleza había sido cerrada?
El poder de Rousse pronto encontró un camino, una fina línea de magia que siguió casi corriendo.
A través de una pequeña puerta de servicio logró infiltrarse a un patio interior desierto.
Rousse miró a todos lados, ¿dónde estaban los guerreros y la servidumbre?
¿Dónde estaba su Meridiana?
Pronto, el llamado de su alma conectó con la suya.
El general de los no muertos corrió en esa dirección sin pensarlo mucho.
Su poder sobrenatural explotando, con intenciones asesinas y su aura llena de amenazas.
Sin embargo, el rastro de magia lo llevó a una pesada puerta de madera exterior y, cuando la empujó, se quedó asombrado al dar con un hermoso jardín.
Rousse avanzó con precaución.
A pesar de la belleza, de las flores acariciadas por las mariposas, de la fuente llena de enredaderas y el ambiente casi mágico, su atención estaba por completo en la caseta del medio.
Era pequeña, con una plataforma redonda y postes que subían hasta un tejadillo blanco.
En medio del pacífico jardín, una mujer lo esperaba de espaldas.
—¿Amor? ¿Meridiana? —la voz ronca de Rousse la llamó con algunas dudas.
Sentía su aura, su aroma delicioso; sin embargo, todo esto era demasiado raro.
La madera crujió bajo sus pesadas botas cuando subió los escalones que lo llevaron a la plataforma.
—¿Nena? —La mano de Rousse se extendió para tomarla del hombro y girarla.
Sin embargo, en ese mismo instante, ella se giró lentamente y lo miró directo a su rostro estupefacto.
¡Lo miró!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...