Nuria asintió.
Sí, llamé a Rosa, tengo las joyas de mi abuela allí y mis diarios, no quiero que Gael los toque o los queme por despecho, iba a pedirte un coche para ir ahora.
León sintió un escalofrío recorrerle la espalda, un instinto primario, el mismo que le había salvado la vida en los negocios y en las calles, se activó.
Gael estaba acorralado, había perdido el dinero, había perdido el poder, lo único que le quedaba eran esos terrenos y la única forma de quedárselos ahora era si Nuria no podía reclamarlos.
No vas a ir —dijo León, tajante.
León, son mis cosas, Adrián puede llevarme, Gael no está allí está en su ático.
He dicho que no. —León agarró su teléfono—. Adrián, manda a un equipo de seguridad a la mansión a recoger las cajas, Nuria no sale de esta torre.
Pero ya estoy lista, el coche de abajo me espera… —Nuria se levantó—. León, no puedes encerrarme, acabamos de ganar.
Gael es una rata acorralada y las ratas muerden.
En ese momento, el teléfono de Adrián sonó, contestó, escuchó dos segundos y su expresión pasó de la preocupación al horror.
Señor… —Adrián bajó el teléfono lentamente—. Es el chófer del coche que asignamos a la señora Nuria, el que estaba esperando abajo.
¿Qué pasa?
Dice que… dice que mientras esperaba en la salida del parking para recogerla, un camión de carga perdió el control y embistió el vehículo.
El silencio en la oficina fue sepulcral, Nuria se llevó las manos a la boca.
¿El coche en el que yo iba a subir? —susurró.
El coche quedó aplastado contra el muro, señor —continuó Adrián, con voz grave—. El lado del pasajero… donde habría ido sentada ella… está destrozado, si hubiera subido cinco minutos antes…
León sintió que la sangre se le helaba y luego hervía, no era un accidente, Gael había intentado matarla.
León miró a Nuria, estaba pálida, temblando, dándose cuenta de lo cerca que había estado de la muerte. La furia que León sintió en ese momento no se parecía a nada que hubiera experimentado antes, no era la ira fría de los negocios, era una furia negra, asesina.
Caminó hacia Nuria y la abrazó con fuerza, aplastándola contra su pecho, enterrando la cara en su pelo, necesitaba sentir que estaba viva, que su corazón latía.
Lo ha intentado —dijo León contra su oído, y su voz sonó como el rugido de una bestia—. Ha intentado quitarte de en medio para quedarse con todo.
Miró a Elena.
Quiero esos terrenos blindados ahora mismo y quiero que la policía investigue el "accidente" del parking, pero sobre todo… quiero que Gael sepa que falló.
León sacó su teléfono y marcó el número de su sobrino y puso el altavoz.
Gael contestó al primer tono, con la voz ansiosa.
¿Diga?
Fallaste, Gael —dijo León. Su voz era tranquila, lo cual era mucho más aterrador que los gritos—. Nuria está conmigo, está viva e ilesa y ahora sabe lo de los terrenos.
Hubo un silencio al otro lado, solo se escuchaba la respiración agitada de Gael.
No sé de qué me hablas, tío.
Reza, sobrino —sentenció León—. Reza a cualquier dios que te escuche porque acabas de convertir una disputa corporativa en una guerra de sangre y voy a disfrutar cada segundo de tu destrucción.
León colgó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA