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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 60

Me voy a Milán —anunció ella, sin siquiera mirarlo, sirviéndose una copa de vino de la botella de León—. La semana de la moda empieza el lunes y luego iré a Bali un par de semanas, necesito limpiar mis chakras.

Que te diviertas —dijo León, cortando su filete con precisión quirúrgica.

Arturo viene conmigo —añadió ella, provocadora, Arturo era su instructor de tenis o su decorador o lo que fuera esa semana, León ni se molestaba en aprenderse los nombres de sus amantes.

Pásalo a mi cuenta de gastos personales no a la de la empresa —respondió él indiferente.

Katya golpeó la mesa con la mano, frustrada por su falta de reacción.

¿Ni siquiera te importa? —siseó ella—. Soy tu esposa y me voy con otro hombre y tú sigues comiendo como si nada.

León levantó la vista, sus ojos eran tan fríos que Katya sintió un escalofrío.

Tú y yo tenemos un trato, tú tienes el dinero, el estatus y la libertad de acostarte con quien quieras y yo tengo la fusión y a tu padre tranquilo, no confundas nuestro negocio con un matrimonio porque para mí eres un mueble caro que a veces habla.

Katya apretó los labios, había intentado enamorarlo al principio, había intentado seducirlo, manipularlo, darle celos, pero nada absolutamente nada funcionaba, León Armand estaba muerto por dentro, era un bloque de hielo impenetrable.

Eres patético —escupió ella—. Sigues llorando a la muerta, han pasado cinco años ya supérala, ya debe ser polvo y tú te estás convirtiendo en polvo también.

Vete a Milán, Katya —dijo León, volviendo a su comida—. Y no vuelvas hasta que se te acabe el dinero.

Katya bufó tomó su copa se la bebió de un trago y salió del comedor haciendo sonar sus tacones.

¡Espero que te pudras en esta casa vacía! —gritó desde el vestíbulo antes de dar un portazo.

León dejó los cubiertos, el apetito se le había ido.

¿Quién está detrás de Phoenix?

No lo sabemos, es una sociedad, el CEO es un tal Matteo Ross, italiano. Pero dicen que tiene una socia mayoritaria que toma las decisiones.

León sintió una chispa de interés, hacía años que nadie se atrevía a desafiarle en su propio territorio.

Consigue una reunión —ordenó León. Su voz recuperó por un segundo, el tono del depredador—. Quiero ver a ese tal Ross. Voy a enseñarle que nadie entra en Andraka sin besar mi anillo.

Colgó el teléfono.

León caminó hacia la ventana y miró la tormenta que se formaba sobre el mar.

Un nuevo enemigo se acercaba y por primera vez en cinco años, León sintió algo parecido a la emoción, destruir a un rival de negocios era lo único que le hacía sentir vivo. No tenía ni idea de que el "enemigo" que venía a destruirle era el único ser que podría salvarle.

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