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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 62

El silencio en la sala no era normal.

León Armand seguía de pie aferrado al borde de la mesa de caoba, con los nudillos blancos por la presión, sus ojos grises normalmente fríos y calculadores, estaban abiertos de par en par, clavados en la mujer que acababa de sentarse frente a él con una calma insultante.

No podía dejar de mirarla, esa boca, esa línea de la mandíbula y esos ojos.

Sí, el cabello era negro y geométrico y la ropa era una armadura de alta costura que la Nuria que él conocía jamás habría usado, su postura era la de una reina no la de una chica asustada, pero el instinto de León, ese instinto animal que lo había mantenido vivo y en la cima, le gritaba una sola palabra: ES ELLA.

Señor Armand —dijo la mujer y su voz sonó aburrida, como si estuviera hablando con un empleado lento—. ¿Se va a sentar o prefiere negociar de pie para intimidarnos? Le aviso: mido un metro setenta y cinco con estos tacones y aun así no me siento pequeña fácilmente.

León parpadeó, el tono era desconocido, era como ácido cortante, Nuria nunca le había hablado así, Nuria tartamudeaba cuando él la miraba intenso, Nuria se sonrojaba.

Esta mujer era hielo.

León se obligó a sentarse, necesitaba controlarse si Adrián o sus abogados notaban que estaba perdiendo la cabeza, sería el fin.

Perdone la… sorpresa —dijo León. Su voz salió ronca, más grave de lo habitual—. Me recuerda a alguien, a alguien que murió hace mucho tiempo.

Lanzó la frase como un cuchillo, esperando una reacción, un parpadeo, un temblor en los labios o algo, pero Valeria ni se inmutó, abrió su carpeta de cuero con movimientos precisos.

Tengo un rostro común, supongo —dijo ella, sin mirarlo, leyendo un papel—. O quizás usted ve fantasmas donde solo hay negocios, hablemos del Puerto, señor Armand. Su licitación es de 200 millones y la nuestra es de 160 y tenemos el aval ecológico que a usted le han denegado tres veces.

¿Quién es usted? —interrumpió León. No le importaba el puerto, no le importaban los millones, no después de verla a ella.

Valeria levantó la vista y sus ojos chocaron con los de él, hubo una chispa, un cortocircuito en el aire.

Soy Valeria, socia directora de Phoenix Capital.

Valeria ¿qué? —insistió León, inclinándose sobre la mesa, invadiendo su espacio visual—. ¿Cuál es su apellido? ¿Dónde nació? ¿Quién era antes de Zúrich?

Matteo Ross intervino poniendo una mano protectora sobre el brazo de Valeria.

Entró en el ascensor, Matteo hizo ademán de protegerla, pero Valeria le hizo un gesto con la mano.

Está bien, déjanos.

Valeria, este tipo es peligroso…

Baja Matteo y espérame en el coche. —Su voz era una orden absoluta.

Matteo dudó, miró la furia en los ojos de León y luego asintió lentamente, salió del ascensor.

Las puertas se cerraron, León y Valeria se quedaron solos en la caja de metal el espacio se redujo a la nada y el aire se volvió irrespirable.

León se giró hacia ella y presionó el botón de parada de emergencia, el ascensor se detuvo con una sacudida brusca entre dos pisos.

¿Qué cree que hace? —preguntó Valeria, pero no retrocedió, se mantuvo firme con la barbilla alta, aunque León era mucho más grande y emanaba una violencia contenida aterradora.

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