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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 65

El comedor de La Fortaleza estaba sumido en una penumbra que solo se iluminaba por candelabros de plata y el resplandor lejano de los relámpagos sobre el mar.

León ocupaba la cabecera de la mesa a su derecha Valeria y a su izquierda Matteo. El ambiente era una mezcla de sofisticación y peligro, León desempeñaba el papel de anfitrión perfecto: servía el vino, recomendaba los platos y mantenía un tono de voz suave, pero sus ojos no dejaban de moverse, no miraba a Valeria con lujuria sino con una precisión quirúrgica, observaba cómo sus dedos sostenían el tenedor y cómo se llevaba la servilleta a la comisura de los labios, pero sobre todo observaba su copa de cristal.

Este Cabernet es del 98 —dijo León, rellenando la copa de Valeria personalmente, asegurándose de no tocar el borde donde ella había posado los labios—. Una cosecha difícil, hubo tormentas ese año que casi destruyen los viñedos, pero las uvas que sobrevivieron… desarrollaron un carácter único y más fuerte.

Valeria lo miró a los ojos entendiendo la metáfora.

La presión crea diamantes o buen vino, supongo —respondió ella, tomando la copa por el tallo.

León contuvo la respiración mientras la veía beber, vio cómo sus labios rojos marcaban el cristal impoluto. Ahí está, pensó. Tu saliva, tu ADN y la verdad.

Díganme —dijo León, volviendo a sentarse y entrelazando los dedos—. ¿Cómo funciona esta sociedad suya? Es raro ver a una abogada financiera y a un heredero italiano tan… sincronizados.

Somos socios —dijo Matteo rápido, con una sonrisa protectora—. Y amigos desde hace años.

¿Solo amigos? —León arqueó una ceja, clavando la mirada en Matteo—. La forma en que le tocó la espalda al entrar sugería algo más intimidad, quizás.

Valeria dejó la copa sobre la mesa con un tintineo suave.

Señor Armand, mi vida privada no está en el contrato de licitación, hemos venido a hablar de porcentajes y plazos de obra no a rellenar un formulario de cotilleos.

En mi experiencia Valeria, lo personal y lo profesional siempre terminan mezclándose. —León sonrió, una sonrisa fría—. Especialmente cuando hay tanto dinero en juego, necesito saber si puedo confiar en mis socios y necesito saber quiénes son realmente.

Somos Phoenix Capital —dijo ella, tajante—. Eso es todo lo que necesita saber.

Ya veremos.

La cena continuó, León llevó la conversación hacia terrenos resbaladizos, preguntando sobre el pasado de ella en Zúrich, sobre sus gustos, buscando cualquier grieta en su máscara, pero Valeria era una fortaleza y respondía con vaguedades elegantes o devolvía la pregunta con ironía. Cuando llegó el postre Valeria apenas lo probó, estaba tensa, la mirada de León era física, pesada y sentía que él estaba diseccionándola.

Creo que hemos discutido los puntos principales —dijo Valeria, limpiándose la boca con la servilleta de lino y dejándola sobre la mesa—. Aceptamos su condición de establecer la oficina de gestión en la Torre Armand y aceptamos el reparto de beneficios.

—León no se movió para levantarse—. ¿Un digestivo? ¿Un café?

No gracias, es tarde y tenemos un vuelo temprano mañana… bueno, teníamos, ahora supongo que tendremos que buscar apartamento en Andraka. —Valeria se levantó, alisándose el vestido negro—. Matteo vámonos.

Matteo se levantó de inmediato, aliviado de terminar con esa tortura.

Gracias por la cena, León.

León se puso de pie lentamente.

Los acompaño a la puerta.

Salieron del comedor y mientras caminaban hacia el vestíbulo León se detuvo un segundo y miró hacia atrás, hacia la mesa desordenada, hizo un gesto imperceptible a la jefa de servicio que esperaba en la sombra, con una mirada severa señaló la copa de Valeria y la criada asintió entendiendo la orden muda: No toques eso.

En la puerta principal, la despedida fue gélida.

¿Señor?

León se giró, sosteniendo la copa envuelta en el pañuelo como si fuera el Santo Grial.

Lleva esto al laboratorio ahora mismo, despierta al genetista si hace falta, quiero una comparación de ADN con las muestras que tenemos guardadas de Nuria.

Señor… son las once de la noche.

¡Me da igual la hora! —rugió León, y sus ojos brillaron con una locura lúcida—. ¡Quiero el resultado mañana a primera hora! ¡Quiero un papel que diga que Valeria es Nuria Alcázar!

Adrián asintió tomó la copa con cuidado usando unos guantes de látex que sacó de su bolsillo y la metió en una bolsa de evidencia.

Lo tendrá, señor.

León se quedó solo en el comedor vacío, miró la silla donde ella había estado sentada, aún podía oler su perfume en el aire, una mezcla cara y sofisticada que intentaba ocultar su esencia, pero que no lograba engañarlo. Se sirvió otra copa de vino esta vez para él y bebió un trago largo.

Crees que eres lista mi amor —murmuró a la oscuridad—. Crees que puedes cambiar de nombre, de cara y de ropa y engañarme, pero la ciencia no miente y los muertos no beben vino.

Sonrió y fue la sonrisa de un hombre que sabe que ya ha ganado la partida, solo falta esperar el jaque mate.

Mañana se acabaron las mentiras Nuria, mañana vas a tener que mirarme a la cara y decirme por qué me destrozaste la vida.

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