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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 67

Señor Armand —dijo Valeria, intentando mantener la voz firme—. Buenos días.

León no respondió, presionó el botón de cierre y se giró hacia ella arrinconándola contra el panel de botones antes de que el ascensor siquiera empezara a subir.

¿Te estás divirtiendo? —preguntó León, su voz era un susurro peligroso.

No sé de qué me habla, por favor apártese.

Claro que lo sabes. —León golpeó el espejo junto a la cabeza de ella con la palma abierta, el sonido fue como un disparo—. Juegas a la mujer de negocios fría, juegas a la desconocida, pero te olvidaste de mencionar un pequeño detalle en la cena de anoche, Valeria.

Valeria sintió el pánico subir por su garganta. ¿Qué sabía?

¿De qué detalle habla?

Del niño —escupió León.

Valeria se quedó helada, la sangre desapareció de su rostro, sabía de Alex.

No sé…

¡No me mientas más! —gritó León, perdiendo el control por completo, la agarró por los hombros, sacudiéndola—. ¡Te he visto! ¡He visto las fotos! ¡Tienes un hijo!

Valeria intentó empujarlo, pero él era un muro de piedra.

¡Es mi vida privada! ¡Suélteme!

¡Tu vida privada es una farsa! —León acercó su cara a la de ella, sus ojos grises ardían con lágrimas de rabia contenida—. Cinco años… Llevas cinco años muerta para mí y en esos cinco años te dio tiempo de sobra para correr a los brazos de ese italiano y darle un hijo.

Señor Armand, esto es ilegal… —empezó a decir.

León se giró, sus ojos eran pozos de locura y dolor.

Deja de actuar —dijo, con voz letal—. Se acabó el teatro, Nuria.

Valeria sintió que el corazón se le paraba, lo había dicho no "Valeria" sino Nuria.

No sé de qué me habla…

¡No me insultes! —León golpeó la pared junto a su cabeza—. ¿Crees que soy estúpido? Anoche bebiste de mi copa y tengo el informe de ADN en mi escritorio. Sé quién eres, sé que fingiste tu muerte, sé que me hiciste llorarle a un fantasma durante cinco años.

Nuria… —León intentó tocarla, pero ella le apartó la mano con asco.

No me toques, me das asco, eres igual que ellos, igual que Rafael, que Gael y que el maldito Dimitri Vólkov.

La comparación golpeó a León más fuerte que cualquier bala, ser comparado con los hombres que él odiaba, con los hombres que él estaba intentando destruir en secreto para vengarla a ella… fue el golpe de gracia.

León la miró y vio el odio puro en sus ojos, entendió que no había vuelta atrás, ella creía que él era el villano y él no podía decirle la verdad sin ponerla en peligro.

Su rostro se endureció, la máscara del Lobo volvió a su lugar, más fría y cruel que nunca.

Bien —dijo León, con voz muerta—. Si soy un monstruo, entonces prepárate, porque ahora que sé que estás viva… y ahora que sé que ese niño es de otro… no voy a tener piedad.

León reactivó el ascensor.

Bienvenida al infierno Nuria y esta vez no te dejaré escapar.

Las puertas se abrieron en el piso 50, León salió primero dejándola allí temblando de furia, con el secreto de la paternidad de Alex a salvo, pero con una guerra declarada que prometía quemarlos a ambos hasta los cimientos.

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