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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 68

UNA SEMANA DESPUES

El ambiente en la planta 50 era irrespirable, los empleados caminaban de puntillas temiendo hacer el menor ruido, el "Lobo" estaba de mal humor y cuando el Lobo gruñía, la manada temblaba.

León salió de su despacho y arrojó una carpeta sobre el escritorio de Nuria (ahora Valeria para el mundo corporativo), el sonido del golpe hizo que ella diera un respingo, aunque intentó disimularlo.

Esto es basura —dijo León, con voz gélida—. El análisis de costes de los materiales ecológicos está incompleto y faltan las proyecciones a diez años.

Nuria levantó la vista ajustándose las gafas, estaba cansada, León la había obligado a trabajar hasta las diez de la noche los últimos tres días, rechazando cada informe por detalles minúsculos.

El informe es impecable León. —Nuria usó su nombre de pila deliberadamente, desafiante—. Estás buscando errores donde no los hay solo para molestarme.

Estoy buscando excelencia —replicó él, inclinándose sobre su mesa, invadiendo su espacio—. Algo que Phoenix Capital prometió y no está entregando, quiero ese informe corregido para mañana a las ocho.

Mañana es sábado —protestó ella.

Bienvenida a las grandes ligas, aquí no hay fines de semana. —León la miró con desprecio—. Si querías tiempo libre para jugar a la casita con tu italiano no debiste firmar el contrato.

Se dio la vuelta y entró en su despacho, cerrando la puerta con un golpe seco.

Pero en cuanto la puerta se cerró y las persianas automáticas bajaron la máscara de León se desmoronó, se aflojó la corbata sintiendo que se ahogaba, caminó hacia el monitor de seguridad que tenía en su escritorio, el que mostraba la cámara oculta enfocada en el puesto de Nuria, la vio frotarse las sienes agotada, la vio morderse el labio inferior, un gesto que hacía cuando quería llorar, pero se aguantaba.

León tocó la pantalla acariciando la imagen pixelada de su rostro.

Te odio —susurró, intentando convencerse a sí mismo—. Te odio por estar viva sin mí, te odio por haber tenido un hijo con otro.

Pero era mentira, cada vez que la veía su corazón, ese órgano muerto y cicatrizado volvía a latir con una fuerza dolorosa, quería salir, pedirle perdón por la dureza, abrazarla y preguntarle por qué, quería saber por qué su amor no había sido suficiente.

Se puso unas gafas de sol y bajó del coche caminando por el sendero perimetral, oculto entre los árboles como un depredador acechando a una presa que no puede comer.

La pelota roja rebotó en una raíz sobresaliente y cambió de trayectoria, rodó rápido, alejándose de Alex, cruzando el césped hacia el sendero de gravilla.

¡Mi pelota! —gritó Alex, corriendo tras ella con sus piernitas cortas.

La pelota siguió rodando directa hacia el camino por donde León caminaba.

León vio la pelota acercarse y sin pensarlo sacó el pie y la detuvo con la punta de su zapato de cuero italiano, la pelota se quedó quieta contra su empeine, León levantó la vista y vio al niño frenar a un metro de él jadeando por la carrera.

Alex miró la pelota, luego miró los zapatos caros y luego subió la vista por las piernas largas, el traje informal, hasta llegar a la cara del hombre gigante que le tapaba el sol.

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