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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 69

Hola —dijo Alex, con esa inocencia valiente que tienen los niños—. Esa es mi pelota, señor.

León se quedó inmóvil, era la primera vez que veía al niño de cerca ya que hasta ahora solo había sido una mancha borrosa en fotos de vigilancia o una figura lejana, algo en la voz del niño le hizo vibrar el pecho, un timbre familiar.

León se agachó lentamente quedando a la altura del pequeño y se quitó las gafas de sol para no asustarlo.

Es una buena pelota —dijo León. Su voz salió ronca, extraña.

Me la regaló mi tío Matteo —dijo Alex, señalando hacia el banco donde su madre tecleaba frenéticamente, ajena a todo.

Tío Matteo. La palabra golpeó a León como un martillazo, Tío, no "papá".

El cerebro de León se detuvo, si Matteo era el tío… ¿quién era el padre?

¿Tu tío? —preguntó León, sintiendo que el mundo empezaba a girar más despacio—. ¿No es tu papá?

No —Alex se rió, como si el señor hubiera dicho una tontería—. Mi papá está en el cielo, es un ángel.

León sintió un frío repentino.

Y entonces Alex dio un paso más cerca para coger su pelota, el sol le dio de lleno en la cara y el niño levantó la vista para darle las gracias.

León dejó de respirar.

No eran marrones como los de Nuria, no eran verdes como los de Matteo, eran dos espejos de acero fundido, grises con motas plateadas alrededor de la pupila, un color genético extremadamente raro, un color que León veía cada mañana al afeitarse.

Eran sus ojos.

El tiempo se congeló, los sonidos del parque desaparecieron, León solo podía escuchar el latido atronador de su propio corazón rompiéndole las costillas. Miró la forma de la barbilla del niño, la forma de las orejas y el gesto que hizo al fruncir el ceño por el sol, era él, era una copia en miniatura, perfecta y absoluta de sí mismo.

Dios mío… —susurró León y sus manos empezaron a temblar violentamente.

Hizo el cálculo mental en una fracción de segundo, cinco años, la noche en el hotel antes de Londres, no hubo traición, no hubo otro hombre, Nuria había huido embarazada de él y este niño… este ser perfecto que tenía delante… era su sangre, su heredero, su hijo.

Alex notando la intensidad del extraño se asustó un poco, agarró su pelota y dio un paso atrás.

Nuria vio su cara, vio que no tenía la máscara de frialdad sino que estaba pálido, desencajado, con los ojos llenos de lágrimas no derramadas y una expresión de shock absoluto.

León miró al niño que se asomaba tras la pierna de Nuria, luego miró a Nuria y luego volvió a mirar al niño.

No hacían falta palabras, no hacía falta ADN porque la verdad estaba escrita en iris grises de dos generaciones.

León… —susurró Nuria, sintiendo que el suelo se abría. Sabía que él lo había visto, sabía que el secreto más grande de su vida acababa de ser descubierto.

León dio un paso hacia ellos, no había rabia en su rostro ahora había devastación.

Es mío —dijo León. No fue una pregunta. Fue una sentencia que cayó sobre ellos como una guillotina.

Nuria apretó a Alex contra su cuerpo retrocediendo, aterrada por lo que iba a pasar a continuación, pero León no se movió más, solo se quedó allí mirando a su hijo, mientras su mundo entero se reescribía en un segundo.

Me robaste a mi hijo —susurró León y una lágrima solitaria rodó por su mejilla.

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