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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 91

—Tengo seguridad en tu casa —corrigió Konstantin—. Nuria no va a ir a un hospital público donde cualquier enemigo pueda ponerle una bomba, el hospital viene a ella.

—¡Es mi mujer! ¡Yo decido!

—Y es mi hija —cortó Konstantin—. Y esta vez no voy a dejar que le pase nada, así que guárdate el ego de macho alfa y deja trabajar a los profesionales.

Antes de que León pudiera pegarle, Nuria apareció en la escalera con una bata de seda, frotándose los ojos.

—¿León? ¿Qué pasa?

Konstantin levantó la vista y sonrió, una sonrisa dulce que daba miedo.

—Buenos días dormilona, baja, el doctor Hoffman te está esperando para confirmar las buenas noticias. Nuria miró a León y León apretó los puños, derrotado.

—Tu padre ha traído… refuerzos —dijo.

Una hora después.

Nuria estaba en el sofá, con la tripa llena de gel frío, el doctor pasaba el aparato mientras León le daba la mano, tenso. Konstantin miraba desde una butaca y Estefany estaba en la ventana, de brazos cruzados, vigilando a Konstantin con cara de pocos amigos.

—Ahí está —dijo el médico, señalando la pantalla—. Es muy pequeño, seis semanas, pero está bien agarrado, escuchen.

Pulsó un botón. Tun-tun-tun-tun.

El corazón. Rápido y fuerte. A Nuria se le llenaron los ojos de lágrimas y León sintió que se le pasaba el enfado, apretó la mano de su mujer.

—Está ahí —susurró—. Es real.

En ese momento, Alex asomó la cabeza por la puerta, con su pijama de carros.

—¿Mamá está malita? —preguntó asustado.

—No, campeón, ven —le llamó León.

Subió al niño al sofá.

—Alex, ¿oyes eso? —preguntó Nuria.

—Parece un caballo corriendo.

—Es el corazón de tu hermanito —dijo Nuria—. O hermanita.

Alex abrió la boca, sorprendido, miró la pantalla gris, luego la barriga de su madre.

—¿Está ahí dentro? ¿Te lo has comido?

—Cuidar de mi familia. ¿Te molesta que traiga médicos buenos?

—Me molesta que creas que puedes comprar sus vidas —dijo Estefany—. Mira esta casa, hombres armados, médicos, chefs… Les estás quitando el aire, Nuria y León acaban de volver y ya los estás ahogando.

—Hay enemigos fuera Estefany, si me despisto un segundo, los matan.

—No es la seguridad, eres tú. —Ella dio un paso hacia él—. Te conozco eres un adicto al control, empiezas protegiendo, luego opinas, luego ordenas y al final no les dejas ni respirar.

Konstantin apoyó las manos en el bastón, mirando la casa.

—Prefiero que me odien vivos a llorarlos muertos —dijo—. Vólkov me quitó treinta años, no voy a perder ni un minuto más.

—Si sigues así, Nuria te odiará por su cuenta, no por Vólkov —advirtió Estefany—. Déjales espacio, déjales ser normales.

—Nunca fuimos normales y tú lo sabes mejor que nadie, tú te enamoraste del monstruo, no del hombre.

—Me enamoré del hombre —le sostuvo la mirada—. El monstruo fue el que me abandonó.

Estefany se dio la vuelta y entró en la casa, dejándolo solo con sus guardias y su obsesión. Dentro, León miraba por la ventana a su suegro.

—Tu madre tiene razón —le dijo a Nuria—. Esto es una jaula y tenemos que encontrar la manera de abrir la puerta antes de que tiren la llave.

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