Leyó en voz alta: "Felicidades por la buena nuevo papá, lástima que los muros de La Fortaleza sean tan altos, será difícil sacar el cochecito al parque. Nos vemos pronto."
León soltó la nota como si quemara, Bruno Vane cogió el papel con un pañuelo.
—¿Quién sabía lo del embarazo? —preguntó el abogado, serio.
—Nadie —susurró León, pálido—. Nuria me lo dijo anoche, Konstantin trajo a los médicos esta mañana a las ocho, nadie más lo sabe, ni siquiera lo hemos anunciado a los empleados.
—Pues alguien lo sabe —dijo Bruno, mirando el móvil de cuna—. Y ha tenido tiempo de comprar esto, envolverlo y mandarlo aquí en menos de cuatro horas.
León agarró el teléfono y marcó el número de Konstantin, le temblaban las manos. El enemigo no estaba fuera, el enemigo estaba escuchando dentro o peor: alguien del círculo íntimo de Konstantin era un traidor.
—¿Konstantin? —dijo León cuando el viejo contestó.
—¿Qué pasa? —La voz del suegro sonó alerta.
—Han enviado un regalo a la oficina, es un móvil de cuna, saben lo del embarazo.
Hubo un silencio sepulcral al otro lado de la línea, un silencio de esos que preceden a un desastre.
—¿Quién estaba en la habitación cuando Nuria te lo dijo? —preguntó Konstantin, con una voz tan fría que congeló el teléfono.
—Nadie, solo nosotros dos.
—¿Y esta mañana?
—Tú, Estefany, Alex, los médicos y tus guardias.
—Cierra la oficina, León —ordenó Konstantin—. Vuelve a casa ahora y no pares en ningún semáforo, tenemos una rata. León colgó, miró las figuritas de madera. El león y la loba, era una amenaza preciosa y terrorífica.
—Vámonos —le dijo a Bruno—. Alguien se nos ha metido hasta la cocina.
Nuria estaba en el jardín viendo a Alex jugar con el perro de uno de los guardias, el té le había revuelto el estómago más que el café. Vio llegar el coche de León derrapando en la grava. León bajó corriendo con la cara desencajada, Konstantin salió de la casa al mismo tiempo, con el rostro rojo de ira, gritando órdenes en ruso a sus hombres.
—¿Qué pasa? —preguntó Nuria, poniéndose de pie, asustada.
León llegó hasta ella y la agarró de los brazos.
—¿Has hablado con alguien? ¿Por teléfono? ¿Mensajes?
—No, con nadie. ¿Por qué? ¡Me estás asustando!
—Lo saben —dijo León—. Saben lo del bebé.
Nuria se llevó la mano a la boca.
—Con mi amigo —dijo el niño sin levantar la vista—. Es muy bueno, siempre me gana.
Nuria sintió que se le paraba el corazón.
—¿Qué amigo, Alex? —preguntó ella.
—El amigo del juego, el "Jugador 1".
León le quitó la tablet de las manos y miró la pantalla, era un chat de juego online y había mensajes.
Jugador 1: ¡Wow, vas a tener un hermanito! ¡Qué guay! ¿Cómo se lo han tomado tus papás? Alex_Rex: ¡Bien! Mi abuelo trajo médicos y dice que es un secreto. Jugador 1: Los secretos son divertidos. Oye, ¿tu papá va a ir a trabajar hoy? Alex_Rex: Sí, ha salido hace un rato.
León dejó caer la mano con la Tablet y miró a Konstantin, el viejo mafioso cerró los ojos, maldiciendo en voz baja.
—Han estado hablando con mi hijo —susurró León, con ganas de vomitar—. Han estado sacándole información a mi hijo.
Konstantin agarró su bastón con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—Rastrear esa IP, quiero saber quién es el "Jugador 1". Y cuando lo encuentre… le voy a arrancar los dedos uno a uno.
El enemigo no necesitaba saltar la valla porque ya estaba dentro, jugando en el salón con su hijo.

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