León se sirvió un whisky, eran las diez de la mañana, pero daba igual. En su casa ya no mandaba él, mandaba un ruso con bastón, Alex estaba castigado en su cuarto sin Tablet, Nuria dormitaba en el salón vigilada por dos tipos que parecían armarios empotrados.
La puerta del despacho se abrió sin llamar por supuesto, Konstantin entró y cerró con cuidado, caminó hasta el escritorio y se sentó en el sillón de visitas como si fuera el dueño del edificio.
—Alex está bien —se adelantó León—. Fue un error darle la Tablet, no volverá a pasar.
—El niño es un niño —dijo Konstantin—. La culpa es de los padres que no vigilan, pero eso ya está arreglado, he cortado el internet por lo pronto.
—Genial vivimos en una cueva.
Konstantin ignoró el comentario, se apoyó en su bastón y miró a León a los ojos.
—Tenemos otro asunto, el bebé.
León soltó el vaso.
—Nuria está bien.
—No hablo de salud, hablo de papeles, ese niño lleva mi sangre y no voy a permitir que nazca como nació Alex.
—¿Cómo nació Alex? —preguntó León, notando cómo se le tensaba el cuello.
—A escondidas, sin apellido, como un bastardo.
La palabra sonó como un disparo en la habitación silenciosa. León se levantó de golpe.
—Cuidado Konstantin, estás hablando de mi hijo y no es ningún bastardo.
—Estoy hablando de la realidad. —El viejo ni parpadeó—. Alex nació fuera del matrimonio porque Nuria huía y eso lo entiendo, pero este nuevo bebé… este va a nacer en mi familia y en mi familia, los niños nacen con un anillo en el dedo de la madre.
León se pasó la mano por la cara.
—Nuria y yo vivimos juntos, nos queremos. ¿Qué más quieres?
—Quiero una boda y la quiero ya.
—Ya le pedí matrimonio.
—¿Y dónde está la fecha? —insistió el viejo—. No veo preparativos.
—Acabo de salir de la cárcel por Dios, nos están disparando, no es momento de fiestas.
—Es el momento exacto. —Konstantin se levantó—. Una boda manda un mensaje y dice que somos sólidos y legalmente protege al niño, si te matan mañana quiero que Nuria y sus hijos sean los dueños de todo, sin que ningún fiscal pueda meter las narices.
León lo miró, odiaba darle la razón, pero el maldito mafioso tenía un punto.
—Nuria no va a querer un circo.
—Será íntimo aquí en la casa, el sábado que viene.
—¡Eso es en cuatro días!
—Tiempo de sobra. Yo traigo al juez y al cura y tú solo asegúrate de tener un traje limpio y de decir "sí, quiero".
—¿Y si ella no quiere?
—Ella quiere seguridad para sus hijos, no se lo pongas difícil.
Konstantin caminó hacia la puerta.
—Ah, y León… asegúrate de que el anillo sea bueno.
Salió del despacho, dejando a León con la sensación de que acababan de arrinconarlo en su propio ring.
Mas tarde Nuria estaba en el sofá con una manta, las náuseas habían parado, pero el cansancio no, León se sentó a su lado y le apartó el pelo de la cara.
—Hola.
—Hola. —Ella le sonrió débilmente—. ¿Ha venido mi padre a darte la charla de seguridad?
—Peor, la charla de moralidad.
Nuria frunció el ceño.
—La señal no viene de Rusia y no viene de los socios de Vólkov, viene de aquí de Andraka, de un ático en el centro.
Konstantin entornó los ojos.
—¿Quien?
—Rastreamos las cámaras de seguridad del local a la hora de la conexión —dijo Bruno, sacando una foto borrosa de su carpeta—. Es él.
Konstantin tomó la foto, era un hombre con una gorra calada, más viejo, más sucio, pero inconfundible. Rafael Alcázar.
—La rata —susurró Konstantin—. Pensé que la policía lo tenía.
—Se escapó durante el traslado cuando estalló el caos de Vólkov, ha estado escondido y está obsesionado con Nuria.
Konstantin apretó la foto hasta arrugarla, Rafael el hombre que maltrató a Estefany, el hombre que hizo sentir a Nuria como una basura sabiendo que no era su hija, el hombre que la vendió.
—Está hablando con mi nieto —dijo Konstantin, con una calma terrorífica—. Está intentando acercarse.
—¿Mando un equipo a peinar los suburbios? —preguntó Bruno.
—No, si lo buscamos se esconderá, Rafael es cobarde, solo sale cuando huele dinero o debilidad.
—¿Entonces?
—Vamos a celebrar una boda. —Konstantin miró hacia la casa—. Una boda grande y que se entere toda la ciudad.
—Señor… va a usar la boda de su hija como cebo.
—Voy a usar la boda para limpiar la basura que queda, Rafael odia a Nuria, cree que ella le robó todo y no podrá resistirse a venir a arruinar su día feliz.
—Es arriesgado, podría disparar.
—No si yo disparo primero. —Konstantin se ajustó la chaqueta—. Prepara la seguridad Bruno, quiero tiradores en cada esquina, que parezca una fiesta, pero quiero que sea una ratonera.
Konstantin caminó hacia la casa, Rafael estaba fuera, era perfecto porque iba a tener el placer de matarlo él mismo.

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