En el pasado, Valeria siempre se había mostrado frágil y dependiente de él.
Pero hoy, esas palabras que parecían defenderlo lo hicieron sentir como si lo estuvieran lanzando al fuego.
Isaac sentía un nudo en el estómago. Por un lado, estaba confundido y molesto por la actitud de Valeria, pero por el otro, el peso del vínculo familiar no le permitía explotar.
Al ver que Isaac se quedaba callado, Mateo pensó que le estaba dando la razón, y su tono se volvió aún más duro.
—Mírate, ya estás grandecito y sigues haciendo las cosas a medias.
—La empresa le metió mucho dinero a esto y, en lugar de ganancias, tuvimos pérdidas. Los socios van a empezar a quejarse.
Como futuro heredero del Grupo Moreno, cada movimiento de Mateo, incluyendo sus decisiones e inversiones, estaba bajo la lupa de los socios.
Llegar a la cima no dependía solo de los caprichos de la familia Moreno, sino que requería los votos de los socios.
Isaac se sintió sumamente ofendido y al final no aguantó más.
—Mateo, Pablo, reconozco que tengo parte de la culpa por haber perdido, pero no fue todo error mío.
—En vivo pasan cosas, ustedes vieron la transmisión. Valeria también tuvo la culpa. Si hubiera cooperado un poco más, no habríamos quedado en tan mal lugar.
Al escuchar eso, a Valeria se le pusieron los ojos rojos de inmediato, las lágrimas se le asomaron, viéndose como la persona más agraviada del mundo.
—Isaac, perdóname, todo fue mi culpa. Yo fui la que te arruinó el trabajo.
Sara, que no soportaba ver a su hija sufrir, saltó de inmediato para defenderla y regañar a su hijo:
—Isaac, ¿cómo te atreves a echarle la culpa a tu hermana? Si no entiende, enséñale. Dejen ya el tema y para la próxima pongan más atención.
Al ser su hijo de sangre, tampoco quería ser demasiado dura, así que Sara prefirió zanjar el asunto.


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