Patricio jamás había visto a Alba actuar de una forma tan tímida y delicada.
Incluso cuando estaban comprometidos, ella siempre había sido muy distante con él; rara vez se mostraba dulce o frágil a su lado.
Y fue precisamente por eso que, en su momento, se sintió tan atraído por la tierna, considerada y frágil Valeria.
¡Pero ahora, esa maldita mujer le mostraba toda su dulzura a otro hombre!
¡Patricio sintió como si le hubieran dado una descarga eléctrica en pleno pecho!
Lleno de ira, se levantó con la intención de interrumpir el pequeño mundo romántico en el que ambos se encontraban, coqueteando en sus propias narices.
Pero antes de que pudiera hacerlo, escuchó una voz que conocía muy bien, acercándose con tono ansioso y preocupado.
—Patricio, ¿estás bien? ¿Te lastimaron?
Antes de que él pudiera reaccionar, Valeria se aferró a su brazo con excesiva confianza y lo miró como si estuviera a punto de morir. Llorando, le dijo:
—¡Acabo de ver todo lo que pasó! ¡Alba se pasó de la raya! ¡¿Cómo puede golpear así a las personas?!
La realidad era que Valeria llevaba un buen rato escondida en las sombras observando el espectáculo.
Había visto cómo Alba tenía la osadía de darle una paliza a Mateo y a Isaac, en complicidad con Fernanda.
¡Y que hasta Patricio se había llevado un golpe!
¿No se suponía que esa mujer estaba perdidamente enamorada de Patricio y que no se casaría con nadie más en la vida?
Al hacer algo así, ¿acaso intentaba fingir que ya no lo amaba para despistarla?
Honestamente, ¡hasta Valeria estaba atónita ante la situación!
Pero en lugar de intervenir para separarlos, lo primero que se le ocurrió fue llamar a Sara y a la señora Norma.
Quería que vieran con sus propios ojos cómo esa cualquiera golpeaba a sus preciosos niños.
Y tal como era de esperar, Sara y Norma sintieron que se les salía el corazón al ver a sus queridos hijos con una apariencia tan miserable.
—Mateo, Isaac, ¡¿qué les pasó?!

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