—Lógicamente hablando, era imposible que interfirieran con él. Ni siquiera los dispositivos tecnológicos desarrollados por agencias gubernamentales podrían interceptar o bloquear nuestra señal con tanta facilidad.
—Pero, sea lo que sea que esa persona haya inventado, logró cortar la transmisión sin el menor esfuerzo.
Eso era algo que Clara Serrano jamás hubiera imaginado.
Ese chip de comunicación había sido diseñado personalmente por aquel hombre y utilizaba tecnología de última generación que aún no estaba disponible en el mercado.
¡Ni siquiera las agencias de inteligencia nacionales tenían la capacidad para desarrollar algo parecido!
¡¿Qué clase de ingeniero genio habían contratado para que el sistema colapsara en su primer día de uso?!
¡Alba Moreno!
No hacía falta pensarlo mucho. Era evidente que esa maldita chiquilla estaba involucrada.
En cuanto a si había alguien más detrás del asunto, Clara no lo sabía con certeza.
Pero de lo que sí estaba segura era de que Alba tenía las manos metidas en ello.
¡Esa maldita mocosa resultó ser mucho más difícil de manejar de lo que pensaba!
—Entonces, ¿qué hacemos ahora? ¿Acaso mi operación fue un sufrimiento para nada?
—Por supuesto que no. Me niego a creer que vayamos a tener interferencias en todos lados. Seguro que puedes seguir usándolo cuando Alba no esté cerca.
Clara no tuvo el valor de ser tan tajante y se limitó a tranquilizarla.
—¡Pero si mi objetivo es aplastar a Alba! Si este maldito chip deja de funcionar cada vez que ella está cerca, ¡¿de qué me sirve tenerlo?!
Valeria estaba bastante alterada. Incluso comenzó a sentir punzadas de dolor en el oído.
—¿Cómo que no te sirve? Tampoco es como si fuera un arma letal para liquidar a esa mocosa a sangre fría.
—Pero al menos podrás llevarlo puesto todo el tiempo. Si ocurre alguna emergencia o si tienes dudas sobre algo, podré comunicarme contigo al instante y decirte exactamente qué hacer.
Clara seguía convencida de que el uso del chip era fundamental.


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