Y además, oportunidades así habría de sobra en el futuro, no le faltarían a su hija de sangre.
¡Si alguien más escuchara los extraños razonamientos de Sara, se quedaría en shock!
—Mamá, eres tan buena conmigo. No me quiero casar nunca, solo quiero quedarme a tu lado y cuidarte.
Valeria le masajeaba los hombros y le golpeaba suavemente la espalda, mientras le soltaba sus elogios.
Todas esas dulces palabras marearon de felicidad a Sara, a quien le encantaba escucharlas.
—Niña tonta, ya estás comprometida con Patricio, pronto serás la feliz señora Quintana. ¿Cómo crees que voy a dejar que te quedes soltera cuidándome toda la vida?
Sara sabía que eso era imposible, y que con que su esposo la cuidara por el resto de su vida era más que suficiente.
Además, con dinero y sirvientes para atenderla, ¿para qué iba a necesitar que su hija lo hiciera?
Valeria lo sabía perfectamente, por eso lo decía a propósito.
Ambas reían y charlaban cariñosamente, hasta que la tierna escena fue interrumpida cuando los tres hermanos entraron a la casa uno tras otro.
Sara aprovechó para contarles lo de Vale y lo que ella misma pensaba sobre la situación.
Creía que sus tres hijos se indignarían igual que ella, sentirían lástima por Vale y pensarían en alguna forma de arreglar el asunto.
Pero, quién iba a imaginarlo...
—A mí no me hables de esto. Habla con Pablo, él es el encargado de sus asuntos en la empresa.
Mateo Moreno fue el primero en responder, sin la menor duda.
Ni siquiera se molestó en llamarla por su nombre, solo usó "sus asuntos".
—Mamá, no te metas en todo. Las cosas dentro de la empresa no son tan sencillas como crees.
—Yo no tengo la última palabra en muchas cosas. Además, Alba la verdad hizo mucho por la empresa esta vez, que ella sea la imagen no tiene nada de malo.
—Apenas volvió, Vale le resolvió un problema enorme a la empresa. Alba solo se montó en el carro al final, ¿con qué cara se atreve a robarle el mérito?
Al ver que su hermana se limpiaba las lágrimas en secreto y que sus otros dos hermanos no la defendían, a Isaac Moreno se le encogió el corazón.
Probablemente había pasado demasiado tiempo desde que Valeria no le "rogaba" su ayuda y lo metía en problemas.
Él era de los que se olvidaban del dolor en cuanto la herida cerraba, simplemente no podía soportar ver a Vale triste o decepcionada.
—Ah, entonces encárgate tú. Ve y negocia con los accionistas y los directivos.
Mateo Moreno miró a su idiota hermano con unas ganas inmensas de darle dos cachetadas para que reaccionara.
De por sí ya era malo que olvidara cómo lo habían usado en el pasado, ¿pero ahora resultaba ser más estúpido que antes?
Al parecer, tendría que encontrar una buena excusa para que Valeria lo volviera a usar, a ver si así espabilaba de una vez por todas.

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