—Será mejor que te sientes, hermano, porque lo voy a decirte, no te va a gustar. — dijo John con seriedad, ya temiendo una reacción de Henry.
Mirando Central Park, Henry dio un sorbo de su costoso whisky, mientras un poderoso escalofrió recorriendo su cuerpo. Lo que sea que John aun no le decía, lo había alterado.
—Dilo ya. — exigió saber Henry.
John negó en silencio. No iba a mentirle a su hermano sobre lo que había logrado averiguar, pero aquella situación que había descubierto, lo decepcionaba aun más de su familia…en especial, de Henry.
—Katherine se mudó de Estados Unidos a Inglaterra casi un mes después de lo que paso aquel día. Ella se estableció en Londres junto a su padre, quien es su socio principal en Divane…pero solo dos meses después de su llegada, se la vio embarazada, en ese momento ella no tenía una pareja. Meses después tuvo una cesárea complicada en un hospital público de Londres, y tuvo gemelos, aunque el género no me fue revelado. Con las fechas que tengo, creo que existe una posibilidad grande de que los hijos de Katherine, sean tus hijos. — dijo John con seriedad.
Durante un momento, Henry sintió como se le fue el aliento, y aquella botella cayó de sus manos, para derramar su liquido sobre el suelo. El magnate no supo que decir ni cómo reaccionar ante aquello que le decía su hermano…pues ahora tenía más clara una enorme posibilidad de tener dos hijos o dos hijas…aquello era sencillamente abrumador.
—Tu… ¿Estás seguro?, ¿Realmente crees que existe una gran posibilidad de que los hijos o hijas de Katherine sean míos? — Henry cuestionó ilusionado, emocionado.
Desde el otro lado de la línea John dibujó un semblante serio en su rostro.
—Katherine sufrió mucho y padeció de muchas cosas antes de alcanzar la fama…no la lastimes, hermano, creo que tú y Emily junto a mi madre le hicieron, fue mucho más que suficiente para dejarla tranquila. Si esos niños son o no tus hijos no tiene ninguna importancia…al final del día, fuiste tu quien la sacó de tu vida y permitió que otros la humillaran de una manera atroz. — respondió John para luego terminar aquella llamada.
Henry se quedó en silencio. Aquella corta llamada había terminado, y aquel sentimiento que había reprimido por demasiado tiempo, emergió sin que lo pudiera detener.
La culpa.
Era verdad, reflexionó. Lo que él había hecho y lo que había permitido que le hicieran a Katherine, había sido atroz. No sabía si aquellas fotografías o lo que Emily Gibson le había dicho, eran reales; su exesposa estaba completamente segura de su supuesta inocencia, y, aun así, reconoció para si mismo, en aquel momento que lo cambio todo, no dudo ni un instante en que Katherine pudiera ser inocente…tan solo la señalo, la culpó y permitió que su madre y Emily, así como el resto de los invitados, se burlaran de ella y la humillaran sin impedirlo completamente.
Recordó aquella expresión tan triste y cargada de dolor que Katherine le regaló la última vez que la vio, y se sintió avergonzado de sí mismo. Aun así, si ella realmente fuera culpable de traicionarlo…no había tenido ningún derecho, ni él ni nadie, de tratarla de esa manera tan vil y despiadada. No era de extrañarse que ella lo odiara, no merecía menos, aceptó Henry.
Aquello que le había dicho su hermano no era nada más que la verdad, pero si realmente los hijos de su exesposa eran en realidad hijos suyos, no podía tan solo dejarla en paz…querría recuperarla, recuperar a Katherine, a sus hijos, junto a aquel hermoso sueño que una vez compartieron juntos.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.