Emily salía de su mansión, después de meditar las palabras dichas por su madre. Katherine Holmes tenía un propósito maligno, concluyó, para estar de regreso en New York, y no podía permitirle reconquistar a Henry, pero aún no decidía si renunciar a lo que su madre le había pedido.
Tomando su auto, se dirigía a la avenida principal para hacerle una visita a Henry; tenía que verlo, necesitaba verlo, pues aun cuando no estaba segura sobre qué decisión tomar, necesitaba saber que tan lejos estaba dispuesta a llegar para tener a ese hombre. Finalmente, llegaba al edificio Bennett, en donde la dejaron pasar sin mayor problema. Entrando a la oficina de Henry, vio como este se sorprendía de verla allí.
—Emily, ¿Qué haces aquí? — cuestionó Henry sorprendido.
—Recuerda que tu madre me dio libre acceso a este lugar, y mi padre es uno de tus socios mayoritarios, así que decidí venir a verte. Se que ya has terminado con tus juntas de esta mañana, así que no intentes huir, necesitamos hablar. — respondió Emily con seriedad.
Emily observó a Henry; sus cabellos castaños, sus ojos tan azules, y aquel rostro consternado de facciones hermosas de las que se había enamorado desde que era una niña.
—Bien, te escucho. — respondió Henry con molestia.
—Katherine ha regresado a la ciudad, y tu pareces haber olvidado lo que esa mujer te hizo…pero he venido a pedirte, que no intentes regresar con ella, ella no te merece, y yo siempre he estado dispuesta a dejarlo todo por ti…por favor, retomemos nuestro compromiso, no permitamos que esa mujer nos lastime, sé que ella querrá vengarse de nosotros, después de todo, ella es una mala y traicionera persona…por favor, intenta recapacitar. — dijo Emily suplicante.
Henry se levantó abruptamente de su asiento tras el escritorio. Estaba más que harto de aquella charla.
—Basta, Emily, por respeto a tu padre y a nuestra amistad, he tolerado mucho de ti, eres mi amiga, lo has sido desde que éramos niños, pero nunca quise realmente casarme contigo y eso creí que ya había quedado claro, no puedo verte como mi esposa…y con respecto a Katherine, ella es solo mi asunto, si yo decido olvidar su traición y regresar a su lado, no tiene nada que ver contigo, y no voy a permitir que tu o mi madre vuelvan a tratarla como lo hicieron, mucho menor perjudicarla…así que si no vas a decirme nada más, te pido que te vayas. — Henry respondió tajante.
Los ojos de Emily se llenaron de lágrimas.
—¿Por qué me haces esto?, siempre he sido leal a ti, siempre he querido que me ames, y soy la única que ha permanecido fiel a tu lado. No me hagas esto…no nos hagas esto. — respondió Emily entre lágrimas.
—Bien, esto, no va a funcionar, me voy, puedes quedarte aquí si quieres, pero no voy a escuchar nada más al respecto. — dijo Henry tomando su saco para salir de su oficina.
Emily, asustada y furiosa, tomó a su ex prometido por el brazo.
—¿A dónde crees que vas? ¡Iras a buscarla verdad! ¿Por qué la sigues amando? ¡Ella te engaño, te traiciono! y aun así no dejar de pensar en ella, tú eras mi prometido, tú y yo íbamos a casarnos y acepte que me cambiaras por ella, pero Katherine no te fue leal, ¿Por qué insistes en volver a su lado cuando es claro que no le importas y que lo único que ella quiere es destruirte?, ¿Qué no importa el cómo me siento yo? Vas a buscar a esa perra maldita a pesar de que sabes de lo que ella es capaz. — dijo Emily al borde de las lágrimas.
Henry, separándose de su ex prometida, delicadamente, le acaricio el rostro.
—Lo siento Emily, pero sabes que la amo más que a nada en el mundo, y espero que ella pueda perdonarme, al igual que tú. — dijo Henry con pena, y luego se marchó dejando a su Emily llorando.
Emily, se quedó llorando en medio de aquella enorme oficina, Henry, nuevamente, había corrido hacia Katherine como lo había hecho el día que decidió romper con su compromiso para casarse con esa mujer. Se sentía humillada, y el odio que sentía hacia Katherine se hacía cada vez más y más grande.
—Haces lo correcto. — le dijo tajante a la rubia, que solo se encogió de hombros.
—Bien, no hablemos de eso, centrémonos en la junta que dará comienzo. — respondió Katherine con simpleza.
La hermosa rubia sabía que Henry no se daría por vencido…y una parte de ella, no quería que lo hiciera, sin embargo, nuevamente se negó a dejar que aquellos sentimientos que mantenía enterrados en lo profundo de su corazón salieran a flote.
John miraba el noticiero matutino que estaba hablando sobre Katherine y su nueva tienda. Sin duda, aquella mujer estaba dispuesta a llegar hasta a las últimas consecuencias con su “venganza”, pues no era demasiado difícil deducir que aquello era parte de algún elaborado plan para destruir a los Bennett, y, por ende, a su hermano.
Katherine había demostrado ser una mujer fuerte. Muchas veces había pensado en ella durante aquellos siete años, preguntándose frecuentemente como era que la vida la había tratado, lo único que había sabido, es que los primeros meses ella no había estado bien, aunque de alguna manera se las había arreglado para salir adelante…y vaya que había salido adelante, ahora era multimillonaria y una reconocida diseñadora.
El, por su parte, también la había pasado muy mal, incluso, llegando a mendigar entre conocidos que poco o nada querían ayudarle. Ser desheredado había sido muy duro, pero él también había logrado salir adelante echando mano de sus estudios y su maltrecho apellido, y ahora era también un profesional empresarial cuya reputación era bastante buena y que le había sumado varios cientos de millones de dólares a sus cuentas, aunque, su familia, no tenía idea de ello.
Katherine y el eran similares, concluyo John; guerreros forjados al calor de la guerra. Ella, siempre había sido una mujer hermosa, dulce, y llena de mil cualidades, y él durante demasiado tiempo, había creído a su hermano mayor muy afortunado por tenerla a su lado, aunque el muy traicionero e imbécil, la había dejado irse por culpa de las absurdas mentiras de Emily Gibson y su madre. Quizás, si él la hubiese conocido primero, de ninguna manera la habría dejado ir.
—Quizás, en otra vida. — dijo John para sí mismo, observando el mismo edificio en donde vivía su hermano, y en el que, por casualidad o tal vez no, también vivía Katherine Holmes.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.