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¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos. romance Capítulo 22

En aquel momento, Henry parecía un león enjaulado; todo en su mundo había dado una vuelta inesperada, y aun no tenía las respuestas que ansiosamente esperaba. Katherine, aún permanecía al interior de la tienda Divane, y él se sentía completamente ansioso, necesitaba hablar con ella. Mirando el costoso reloj en su muñeca, el magnate observó que ya había transcurrido poco más de una hora y media desde que había llegado a buscarla.

—Bien, nos veremos mañana. — dijo Katherine, y el magnate la escuchó.

Henry miraba como Katherine salía de la tienda, usando un hermoso y sencillo vestido casual, y luciendo tan hermosa como siempre, o, incluso, más que antes.

—Katherine, espera. — grito Henry corriendo tras de ella al ver que esta apresuraba sus pasos después de verlo.

Katherine caminaba a prisa, no esperaba tener que ver a su exesposo tan pronto, sin embargo, este la había alcanzado y la había tomado de la mano, de inmediato, Katherine, sin embargo, se zafó de su agarre, había visto al magnate, aunque no esperaba que el la estuviese esperando, era demasiado terco, meditó.

—No tenemos nada de qué hablar Henry, voy tarde a casa. — dijo Katherine con la intención de ignorar cualquier cosa que le dijera.

—Por favor, Katherine, hablemos, vine a disculparme contigo por…

—¿Por qué Henry?, ¿De qué cosa es de la que te quieres disculpar? ¿Vienes a pedirme perdón por sacarme casi desnuda de la casa de tus padres frente a tantas personas?, ¿Vienes a pedirme perdón por arrojarme al suelo como si fuera basura mientras todos se burlaban de mí?, ¿O vienes a decirme que en realidad no soy una infiel, o una mentirosa? — decía Katherine interrumpiéndolo con aquellas preguntas cargadas de ironía.

—Yo…solo, quería verte…saber que estas bien…yo no…

—Yo estoy mejor que nunca, pero si quieres sabes que pasó, déjame que te lo cuente, Henry — dijo Katherine con rencor volviendo a interrumpirlo.

—Katherine…yo no quise…lo siento. — dijo Henry mirando a su exesposa cada vez más lejana.

—Viví en una vivienda paupérrima que mi padre compro con lo último que le quedo de todas las propiedades y el pequeño negocio que vendió para poder sacarme de aquí y apoyarme, pase hambre, pase frío, y tenía que esconderme para que tu madre o Emily no me hicieran daño, mientras tu estabas aquí, revolcándote con la traidora de Emily en la que fue nuestra casa un día, vete Henry, no quiero verte. — dijo Katherine aguantando las ganas de llorar, y mostrándole al maltrecho Henry un rostro frío.

Henry, acercándose a Katherine, la abrazo por la fuerza.

—Yo te amo a ti Katherine, no ha Emily, nunca estuve con ello, te lo juro, jamás la toque, ni siquiera le di una oportunidad de nada, solo quiero estar contigo, no dejé de amarte nunca, te he extrañado tanto…mi Katherine, mi dulce Katherine, por favor, perdóname por todo el daño que te hice. — suplicaba Henry.

—¿Por qué mentirme así?, ¿Por qué John? — dijo Katherine sin lograr calmar su silencioso llanto.

John, abrazo a Katherine intentando consolarla, después de todo, ella era una víctima, el foco del odio y del desprecio de su madre y de Emily Gibson, quienes la habían herido sin que su hermano la defendiera como ella se merecía, aquella rubia era completamente inocente…y quien había pagado sin razón alguna por culpa de la debilidad de Henry.

—Tranquila…esto, ya terminó. — dijo John sintiendo el agradable perfume de Katherine, aquel aroma, le resultaba el más agradable del mundo.

Ambos, se quedaron abrazados solo durante un momento. Katherine sentía un cariño fraternal hacia ese joven, que era casi un niño cuando aquel horrible cumpleaños cambio su vida para siempre, y John, sentía aquella admiración en su pecho, que paulatinamente parecía irse convirtiendo en algo más…en algo prohibido.

John había acudido a buscar a Katherine cuando descubrió que ella vivía en el mismo edificio que Henry, aunque no sabía muy bien que iba a decirle. Ahora, se había quedado en silencio, tan solo calmando a aquella triste mujer que nunca habría merecido padecer tanto.

Después de largos minutos en silencio, y sin decir nada más, Katherine se despedía de John quien tan solo le sonrió sintiendo su corazón latiendo a mil por hora…aquella mujer merecía más que a su mediocre hermano mayor, concluyo para sí mismo, pero a su mente, regresaba el pensamiento de que los hijos de aquella mujer, podrían ser también los hijos de su hermano, y parado en medio de aquella banqueta sobre la avenida principal, se quedó meditando en silencio.

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