Aquella noche, John llamaba a Katherine para cenar, quería hablar con ella, saber de quién eran aquellos niños con quienes la vio.
—No lo sé John, no me siento cómoda después de que me consolaste, creo que es inapropiado vernos. — decía Katherine mirando a sus hijos viendo la televisión.
—Vamos, sé que tienes una venganza que planear y yo puedo ayudarte con lo que se. — dijo John intentando convencerla.
Katherine suspiró. — Bien, te veo dentro de una hora en el Geoffrey´s — dijo ella cortante y terminó la llamada.
Una vez en el restaurante, Katherine ya había escuchado todo lo que John tenía para decirle, aunque esa mañana ella también se había enterado de lo mal que iban algunos de los negocios de los Bennett en su junta matutina en Divane, Henry estaba haciendo un pésimo trabajo y aunque su familia aún tenía mucho poder y dinero, de seguir así pronto entrarían en la zona roja, aquello era más que perfecto para su venganza, aunque no sabía que Henry se había convertido en un alcohólico, sin duda Emily no lo estaba haciendo bien como pareja, meditó.
—Entonces, ¿Cómo te trato realmente la vida después de ese desastre Katherine? — pregunto John sin atreverse a preguntar a Katherine directamente por esos niños.
Katherine le conto toda su dura travesía, el cómo había superado momentos realmente terribles y de la suerte que Divane le había traído, que la había vuelto multimillonaria casi de la noche a la mañana cuando la princesa Kate descubrió su pequeña tienda de bolsas y vestidos en Londres, aunque había puesto mucho cuidado en no revelar detalle alguno sobre sus hijos.
John puso toda su atención en cada palabra dicha por Katherine, realmente ella la había pasado demasiado mal, era casi un milagro que estuviera con bien, aunque ese golpe de suerte inesperado la había salvado en realidad, sin embargo, no había mencionado nada sobre aquellos niños, y él tampoco se sentía en posición de preguntarle.
—¿Y tú John? ¿Qué te ocurrió a ti? Después de todo fuiste desheredado injustamente y tachado de ser la peor clase de ser humano que existe tan solo por defenderme. — preguntó Katherine con interés, notando los bonitos ojos azules de John, que, aunque eran igual en color a los de Henry, lucían completamente diferentes, quizás, más apasionados y salvajes, pero con una pureza casi infantil.
—Solo puedo decirte que fue como la m****a, realmente fui casi un mendigo y limosnero en mi tiempo en Italia, mi madre me mandaba lo mínimo, rodé por las casas de varios viejos amigos hasta que se hartaban de mí y me corrían, tuve que luchar mucho para estar en donde estoy sin el apoyo de mi familia, pero igual que tú lo logré. — dijo John mostrando una sonrisa sincera cargada de orgullo.
Katherine sonrió, John también la había pasado mal, pero había logrado salir adelante a pesar de todo. Ambos habían compartido destinos similares, y por culpa de la misma persona, ambos la habían pasado mal, pero verlo sonreír tan orgulloso de sí mismo, la había alegrado profundamente. Tomando su mano como una amiga, Katherine lo miro a los ojos.
—Eres fuerte John, y me alegra mucho saber que ahora estas bien, vuelvo a proponértelo, ¿Quieres ayudarme a vengarme? Henry y Emily merecen pasar por lo mismo que nos hizo pasar a nosotros, sé que lo sabes, sé que lo deseas. — propuso de nuevo Katherine esperando encontrar a un buen y confiable aliado en John.
John, tomando también la mano de Katherine, recordó lo ocurrido esa tarde con su madre y tío, y nuevamente el resentimiento hacia su hermano había vuelto a él.
—Está bien Katherine, te ayudare. — dijo deseando que Henry pagara por los que les había hecho a ambos.
John sintió la suavidad de las manos de Katherine, y no pudo evitar preguntarse el cómo habrían sido las cosas si nada de eso hubiera pasado, sin embargo, nada podía cambiar lo que ya había ocurrido, como él tampoco podía ignorar sus sentimientos de rencor hacia Henry. El perfume de Katherine le llegaba nuevamente, y el asintió mirando a la hermosa mujer a los ojos.
Ninguno sabia la verdad de todo aquello, y que Henry, al igual que ellos, había sido solo una víctima en medio de las crueles ambiciones y caprichos de Emily Gibson. En un bar de clase alta, Henry bebía hasta casi desfallecer, sintiendo aquella culpa que lo embargaba y atormentaba por todo lo que le había ocurrido a Katherine gracias a él.
Dejando un fajo de billetes sobre la mesa, Henry salía de aquel bar para regresar a su casa, con Katherine y aquellos niños de su edificio en su atormentada mente, cuando al otro lado de la calle, vio algo que lo dejó completamente helado.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.