En su lujoso departamento, Henry despertaba con un terrible dolor muscular; había subido a la piscina con la esperanza de volver a gemelos, y se había ejercitado nadando hasta que no le quedaron más fuerzas. Mirando su celular, vio que pasaban las tres de la tarde. Apresurado y adolorido, se había metido a bañar con la rapidez de un relámpago, iba tarde hacia la junta de asociados y con esa sería la tercera vez, sus socios no estarían nada contentos. Mirándose en el espejo, vio su aspecto desalineado; tenía los ojos enrojecidos por los desvelos, y la barba comenzaba a crecerle más dándole un aspecto terrible y desordenado. Hacia algún par de meses que no se cortaba el cabello, y si admitía la verdad, parecía un vagabundo.
Se sintió realmente miserable de notarse así, tan demacrado…tan destruido. Tomando el rastrillo, se quitó la barba desalineada y luego lavó bien sus dientes, pero aquellas mismas preguntas que se había estado haciendo, nuevamente bombardeaban su cansada mente. ¿Por qué Katherine lo había cambiado por John?, ¿Por qué ella no había honrado la promesa del “juntos por siempre”? Se extrañaba, extrañaba al Henry elegante y gallardo que siempre estaba feliz, extrañaba demasiado su hermoso matrimonio con Katherine y los sueños que junto a ella había formado.
Poniéndose uno de sus trajes, subió luego a su auto y decidió pasar por una barbería antes; si su gente lo miraba con semejante aspecto, seguramente le volverían a reprochar y ya esperaba un regaño de su parte por nuevamente llegar tarde. Sabía que la compañía estaba en problemas debido a su mala gestión, pero ¿Cómo podía hacer las cosas bien si el mismo se estaba cayendo a pedazos? Katherine y John estaban en la ciudad y estaban juntos, quizás, muy dentro de él aun guardaba la esperanza de que ella regresara a sus brazos, y entonces, su infierno pudiese al fin terminar.
En su departamento, Katherine revisaba documentos y expedientes de algunos socios menores de los Bennett, que querían firmar contratos con ella. Varios de los socios de Henry Bennett y que se habían mantenido fieles a su negocio, habían decidido entrar al suyo debido a sus costos considerablemente más bajos, y al equipo moderno con el que contaban. Aquello, por supuesto, era parte de su estrategia para vengarse de su exmarido por traicionarla como lo había hecho.
—¿Esta la mamita más bella del mundo? — cuestionaron Gabriel y Emma al unisonó.
Katherine sonrió al ver a sus hijos entrando y correr hacia ella para abrazarla. Sus clases habían terminado y seguramente querían jugar un rato con ella.
—Vengan aquí par de bribones. — decía la mujer sintiéndose dichosa por tener a sus pequeños.
Henry no lo sabía, y esperaba que no lo supiera jamás, después de todo, aquel infeliz simplemente la había acusado para librarse de ella, y no merecía para nada ser parte de la vida de sus pequeños hijos. Sin embargo, era inevitable hacerse la pregunta, ¿Qué pensaría Henry Bennett si supiera que tenía hijos? Negándose a esa posibilidad, beso a sus pequeños gemelos y dejó momentáneamente de lado lo que estaba haciendo para jugar un rato con ellos.
Al otro lado de la ciudad, John estudiaba el plan de trabajo de Katherine. Se sentía sinceramente sorprendido de la brillantez que tenía la mujer; Katherine era verdaderamente inteligente, y se notaba a kilómetros que era sinceramente muy dedicada a su profesión. Había terminado su carrera, había logrado fundar un lugar, y todo lo había hecho ella misma, pues a pesar de tener el apoyo incondicional de su padre, había sabido como usar sabiamente sus recursos y llegar verdaderamente lejos.
La mujer tenía el corazón más noble que hubiese visto, y nuevamente se preguntaba porque razón era que Henry había sido tan estúpido para dejarla irse. Pensando en ella, quiso verla en ese momento, y quizás, iría a buscarla más tarde para invitarla a cenar, el no sería un estúpido como su hermano, si ella lo miraba, entonces el, la tomaría.
Aquella tarde parecía ser igual a las demás. Katherine hojeaba los múltiples pendientes que tenía el ser la dueña de un lugar tan grande. Sus pequeños hijos habían quedado a cargo de la niñera ya que esa vez no podría regresar temprano a su dulce hogar. Pensaba en Henry, en la maravillosa vida que había tenido con el antes de su cruel traición, sin embargo, aquello ya era solo el pasado, ellos jamás volverían a estar juntos, y ella no deseaba tampoco tener una nueva relación…después de haber amado de tal manera a ese hombre, estaba convencida de que no quería amar a nadie así de nuevo, no iba a salir lastimada una vez más.
Sinceramente, lo reconocía para sí misma…toda su vida iba a amarlo…a Henry, tan solo a Henry.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.