Entre las sábanas, Katherine se recordó entre los brazos de John, sabiendo que encontraba consuelo para todo el dolor que Henry le había hecho atravesar, sin embargo, el ver a su exesposo, y saber que sus hijos eran idénticos a él, nuevamente había hecho que aquel amor que aun sentía hacia su exesposo, aflorará dentro de ella, y por esa razón, le había dolido tanto que se viera tan sorprendido después de decirle lo que le había dicho. Ella cumpliría con su venganza contra su exesposo dejándolo en la ruina que merecía, pues él le había hecho demasiado daño, y John, juraba también su propia venganza contra su hermano mayor, pues él los había herido a ambos.
En su departamento, Henry lidiaba su propia noche, en medio de pesadillas y tribulaciones que el ver a su exesposa con su hermano, le habían traído junto a mil sufrimientos e inquietudes.
—Siempre he amado a John, ¿Quién eres tú comparado con él? ¿Quién eres tú comparado con el hombre que tu hermano ha demostrado ser? — le decía aquella Katherine de sus pesadillas.
Henry se revolcaba en la cama por causa de aquella pesadilla que estaba invadiendo sus sueños.
—Katherine me ama a mi Henry ¿Qué acaso nunca lo notaste? Ella me ha preferido desde el principio porque soy mucho más hombre que tú, maldito alcohólico. — decía el falso John.
El sudor frio perlaba su rostro. En aquella pesadilla, Henry observaba como John comenzaba a desnudar a Katherine, y como está comenzaba a besarlo con una pasión desenfrenada que ni siquiera con él había sentido.
—No, no, no, ¡Aléjate de ella! —
Con aquel grito soltado al aire, Henry despertaba de su pesadilla tan solo para encontrar la misma penumbra de siempre reinando en su habitación. Estaba completamente empapado en sudor, y apenas alcanzaba a entender que todo aquello no había sido más que un mal sueño que su mente traicionera le había hecho tener.
Mirando hacia su costado, Henry se encontró con aquella fotografía que aún mantenía de su exesposa, y se sintió acongojado y abrumado en sufrimientos, al recordar aquellas imágenes de su Katherine siendo tomada por su hermano, que lo atormentaron en sus pesadillas.
Levantándose de la cama, Henry caminó hacia el baño que había en su habitación oscurecida; estaba sudado y muy pegajoso, aquella pesadilla realmente le había afectado. Abriendo la regadera, el hombre de cabellos castaños y ojos azules, cerro los ojos para sentir como el agua helada caía sobre su sudado cuerpo. Ver a Katherine compartiendo un momento tan íntimo con su hermano, realmente le había afectado mucho, aunque, estaba seguro, como en esa pesadilla ellos dos de ninguna manera habían hecho el amor…no todavía. Se rehusaba a creer que se seguían burlando de él, que realmente tenían algo entre ellos, y aun si así fuera, no podía permitirlo.
Comenzando a llorar, Henry sentía como lo poco que quedaba de su esperanza y de su mundo, se iba derrumbando a pedazos. Dejando salir su llanto con libertad sabiendo bien que nadie lo escucharía; no a esas horas de la madrugada y con el sonido de la regadera que ahogaba sus llantos, el hombre se sentó sobre el mosaico helado, y ocultando su cabeza entre sus rodillas, comenzó sollozando un largo rato mientras el agua caía sobre el mezclándose con sus lágrimas.
Dejando ir el humo del cigarrillo, John sonrió con ironía mientras miraba a las parejas casuales buscando un buen lugar para tener sexo casual. Él había sido así toda su vida, buscando algo rápido, sin comprometerse a nada con nadie, y dejando a su paso a un mar de chicas llorosas que deseaban tener algo más con él.
Su mente, traicionándolo, volvía a fijarse en Katherine Holmes, quien durante demasiado tiempo le había estado prohibida, y que había deseado demasiado. Sin embargo, el no deseaba a Katherine solo para una noche casual en la ciudad, no, definitivamente no la quería para algo tan pasajero, ni para algo sin sentido.
Al recordarla aquella cruel tarde de su humillación, tan frágil, tan desprotegida, y al tenerla entre sus brazos esa tarde, igual de indefensa y asustada, por primera vez, había deseado protegerla más que cualquier otra cosa. Había aborrecido verla llorar de esa manera, había aborrecido ver su hermoso rostro marcado por la decepción cuando Henry no tuvo el valor de admitir lo que había hecho.
Henry era su hermano mayor, y aun a pesar de todo lo que había hecho lo seguía amando como siempre, sin embargo, no podía permitir que siguiera lastimando a Katherine, no iba a dejar que nadie más le pasara por encima a tan valiente y hermosa mujer que merecía ser feliz a toda costa.
Lo había decidido, iba a conquistar el corazón de Katherine Holmes, iba a enamorarla para alejar para siempre de sus pensamientos a su hermano. Después de todo, se había descubierto deseándola solo para sí mismo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.