En la lujosa tienda Divane, Katherine repasaba los informes de sus ventas, sin notar que John entraba sigilosamente a su oficina con una rosa en sus manos.
—Buenos días a la mejor señora Holmes del mundo. —
Katherine se había sorprendido ante la repentina llegada del hombre que no le había dejado pegar pestaña en toda la noche.
—Que susto que me has dado, ¿Qué ocurre? —
John, dejó aquella rosa que llevaba sobre el escritorio de Katherine.
—Nada realmente, solo vengo a invitarte a almorzar, conozco una buena cafetería que no queda muy lejos, y sé que no estas ocupada en este momento, así que, ¿Qué dices? También sé que no has desayunado nada, le pregunte a tu secretaria, vamos, sé que te gustaría tanto como a mí un buen café americano muy cargado con una dona de chocolate o un pastelillo de crema. —
Katherine quiso disgustarse, pero los gestos que John hacia para persuadirla la habían hecho reír.
—Bien, bien, tú ganas, pero solo porque si tengo hambre, pero antes, acompáñame con el gerente Neville, sé que tuvo algunos problemas con un cliente más temprano. —
John sonrió. Ella había aceptado.
—De acuerdo, voy por mi abrigo, me pondré en modo serio para regañar a nuestro joven gerente. —
Katherine volvió a sonreír mientras miraba como John volaba hacia su propia oficina. Mirando aquella rosa que le había regalado, la rubia sintió de nuevo aquella sensación de emoción naciendo dentro de ella. No era una buena idea volverse cercana a John, no era buena idea sentir algo más por su excuñado, sin embargo, comenzaba a sentirlo.
Estaba jugando con fuego.
En la ciudad, Emily caminaba contoneándose alegremente; aquella le parecía una mañana realmente bella, pues, después de demasiado tiempo, Henry no le habría reprochado nada, y esa misma noche sus madres anunciarían el compromiso juntas durante la cena a la que los habían invitado a ambos, y esta vez, Henry no tendría más opción que aceptar y resignarse a estar con ella el resto de su vida, tal cual lo haría cualquier esposo. No entendía que era lo que había ocurrido en aquella reunión que tuvo con Katherine, pero estaba segura de que la razón detrás del sorpresivo comportamiento de Henry tenía que ver con ello.
Entrando a su cafetería favorita, la morena Emily se sentó donde siempre, y ordeno cualquier cosa para desayunar; iría de compras para sorprender a Henry con algo nuevo y atrevido para esa noche de su compromiso; no iba a desaprovechar aquella oportunidad de oro que se le había presentado. Su ex prometido siempre había tenido ojos y corazón solo para Katherine, y aun si su actuar hacia ella era momentáneo, no iba a dejarlo pasar, se le había ocurrido un nuevo plan. Iba a embarazarse de Henry, iba a enamorarlo de verdad, quería ver a Katherine sufrir porque el hombre al que ella amaba, ahora la prefería a ella, quería verla sufrir por amor.
—Te lo imaginas, el gerente Neville realmente se puso colorado cuando aquella clienta le pidió su teléfono, creo que fue algo gracioso de ver, pero es bueno saber que el hombre respeta a sus clientes. —
—Creo que la señora Morris sabe lo que quiere, solo vio en Neville a una buena fuente de colágeno. —


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.