Desde su auto, John no alcanzaba a ver o escuchar bien, pero no podía acercarse más que aquello o Katherine se daría cuenta de que la había seguido. Resignado, decidió esperar a verla salir del lugar y ver si lograba averiguar algo. Después de una media hora, finalmente miraba a Katherine saliendo, agudizando su mirada, se quedó congelado al mirar aquello.
Tomados cada una de las manos de la hermosa Katherine Holmes, dos niños de cabellos negros y ojos azules platicaban muy animadamente con ella, los rasgos de aquellos niños, de quienes ya conocía su existencia pero que no había tenido oportunidad de observar con tanto detalle, eran, sin duda alguna, idénticos a los de Henry y el mismo; era como verlos a ambos siendo niños de nuevo.
Una niña y un niño que se miraban de la misma estatura, edad y eran tremendamente idénticos entre ellos. Ambos, tenían un aspecto endemoniadamente parecido a su hermano Henry y a el mismo; como si estuviese viendo una vieja fotografía de infancia. John sentía como el corazón se le había detenido de golpe durante medio segundo, cuando su cerebro finalmente proceso lo que aquello significaba. Katherine era madre de un par de gemelos, y esos gemelos, eran los hijos de su hermano mayor: Henry.
Su estómago se le había revuelto porque aquello solo significaba que aquella tarde en que su imbécil hermano la humillo y acuso injustamente, la pobre mujer ya estaba esperando a los hijos de él. Su resentimiento contra Henry, su madre, tío, Emily Gibson, y todos los demás involucrados, se había incrementado en un 1000% después de comprenderlo.
—Eres un canalla…hermano. — musitó John entre dientes.
John miraba como aquellos niños se abrazaban a la mujer con la inocencia típica y el amor de un hijo hacia su madre. Aquello era inesperado, inaudito, y le había dejado un gran dolor en el alma al comprender como un golpe de realidad, todo el sufrimiento que Katherine Holmes había atravesado ella sola con dos niños inocentes en sus brazos.
Si Henry llegaba a confirmar que era el padre de esos gemelos, sin duda alguna no permitiría que Katherine hiciera de nuevo su vida, y no la dejaría en paz. Dando una mirada más hacia Katherine, vio como aquel hombre, Jackson Williams, se acercaba a ella y a los gemelos con tanta confianza que era más que obvio que aquel hombre estaba al pendiente de todos ellos, y una calada le celos le afectó el corazón. Arrancando con discreción su auto, John sintió todo aquello como un baldazo de agua fría, y sintió necesitar encerrarse en su departamento para poder procesar todo lo que había comprendido en ese momento.
En la mansión Bennett, la cena familiar había dado comienzo, y Henry se sorprendió al mirar a su tío y a los padres y hermano de Emily también allí, pues se había imaginado que tan solo seria una cena casual con sus madres, como solían hacer ocasionalmente.
—Bueno, me alegra que ya todos estemos reunidos finalmente, Amelia y yo hemos estado hablando mucho últimamente sobre el futuro de nuestras familias. La llegada de Divane ha estado poniendo en constante tensión nuestras finanzas, y no es un secreto para nadie que esa mujer, Katherine Holmes, solo busca nuestra destrucción, y con el apoyo de la casa real de Inglaterra de su lado, y la popularidad de sus diseños, esa mujer ha logrado posicionarse en un lugar ventajoso, y, naturalmente, ella aún no tiene la misma antigüedad y popularidad que nosotros en la industria de la moda, ni ha colaborado con grandes marcas como si lo hemos hecho nosotros…pero de seguir así, pronto estará a nuestro mismo nivel, y no podemos permitirlo. — dijo Antonella Russel con seriedad.
Henry frunció el entrecejo.
—¿A dónde vas con esto madre? — cuestionó el apuesto magnate con enojo. No iba a permitir que atacaran a Katherine.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.