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¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos. romance Capítulo 46

En su departamento, Henry miraba hacia las oscurecidas calles de la ciudad, con todo lo que había pasado en la cena en casa de su madre en mente. Él no quería casarse con Emily Gibson; jamás podría ver a esa mujer como a una esposa, y su desprecio hacia ella, se había incrementado enormemente. En su mano, sostenía con firmeza aquel sobre que contenía los resultados de las pruebas de ADN de los gemelos de Katherine, y aun no se atrevía a abrirlos.

¿Qué iba a hacer?

Henry se cuestionó con angustia. La amenaza de su madre no era en balde, lo sabía demasiado bien, pues los socios e inversionistas, no estaban complacidos con sus recientes comportamientos y los fracasos, que, debido a sus problemas con el alcohol, habían traído consecuencias a sus finanzas. Se sentía atrapado entre la espada y la pared…y no quería tomar a Emily Gibson como su esposa.

Eso jamás.

Con la media luz de su habitación, Henry finalmente había abría aquel sobre de resultados, y dando una mirada rápida, sus lágrimas se derramaron sin detenerse. Dejándose caer sobre el suelo, el apuesto magnate se sintió tan miserable como nunca antes, al mismo tiempo que asustado, acongojado y dichoso.

“Coincidencia 99.999999999 %”

Ya no cabía ninguna duda…aquellos hermosos niños, aquellos preciosos gemelos, eran sus hijos con Katherine…él era padre, como siempre soñó serlo, y no podía estar junto a sus pequeños. Katherine lo odiaba y con justa razón, y su madre estaba dispuesta a todo para casarlo con Emily Gibson.

Tenía que hacer algo para recuperar a su exesposa y sus hijos, y para mantener el control sobre Bennett Corp., de lo contario, lo perdería todo.

Al día siguiente. El sonido de la alarma rezumbó en sus oídos esa mañana. Levantándose con pesadez, John tomaba su celular y apagaba aquel molesto sonido que lo había arrebatado de sus sueños. Caminando al baño, abría la regadera que dejaba salir el agua caliente; hacia solo un poco de frío, normal en los meses que anunciaban una próxima llegada de la primavera, aquellas eran las últimas semanas del invierno, después de todo.

Los pensamientos de John, sin embargo, no se despegaban de Katherine y sus hijos…los hijos de su hermano. ¿Ella había dado a luz sola? ¿Qué tan mal la había realmente pasado cargando en sus brazos a dos niños que alimentar? Aquellas preguntas que por su mente viajaban sin cesar, le hacían admirarla todavía más, y su oposición ante Henry y Emily Gibson, se había reafirmado mil veces más durante su noche meditando todo aquello.

—Me las arreglare, siempre he podido hacerlo. — le respondió ella sin más.

Su vida había sido muy dura a partir de ese momento, y pasaron años hasta que, finalmente, sus diseños se hicieron notar.

—¿Es usted la señorita Katherine Holmes? Sus diseños me parecen increíbles, y ya han dado mucho de qué hablar en la ciudad, la princesa Kate está interesada en verlos personalmente, y dado sus disputas personales, creo que es conveniente que usted la vea personalmente, vera que esta es una oportunidad de vida que no debe dejar pasar. — le dijo Jackson Williams, su mejor amigo.

Recordando todo aquello, quiso reír de ironía al haberse convertido en una de las pocas personas encargadas de vestir a la realeza de Inglaterra, a pesar de no ser inglesa de nacimiento, pero a la princesa Kate le habían encantado tanto sus diseños, que definitivamente aquel golpe de suerte le había cambiado la vida entera, y se sentía realmente feliz y satisfecha con todo lo que había logrado. Los Bennett, los Gibson y todos aquellos que tan solo deseaban su ruina, iban a quedar terriblemente decepcionados, de eso no tenía ninguna duda. Aun y cuando creían que ella no tenía el apoyo de prácticamente nadie, la verdad era que, sí que lo tenía, y eso, iba a sorprenderlos. Ella tenía poder, le doliera a quien le doliera, y no iba a permitir que nada ni nadie se interpusiera en su venganza…ni siquiera los sentimientos que aún tenía hacia Henry.

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