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¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos. romance Capítulo 49

En New York, John se sentía como un gato enjaulado al no saber en dónde se encontraba Katherine, ni saber que era ese asunto tan urgente que tenía que atender en Nevada. Había hablado con el gerente Neville, pero de nada había servido, el tipo no sabía nada, o, si sabía, no iba a decírselo fácilmente. Por supuesto, no había sido un idiota que hizo preguntas directamente, tan solo se limitó a preguntar por su relación laboral con Katherine, pero eso había sido suficiente para que el negara conocerla de manera intima.

Había muchas cosas que desconocía del pasado de la mujer que estaba pretendiendo, pero si algo sabía bien, era que ningún secreto duraba oculto para siempre. Por lo pronto, el también intentaría ayudar de manera discreta para que nadie más supiera nada de esos niños, por los cuales ya sentía una enorme curiosidad, después de todo, eran sus sobrinos.

Katherine regresaba de aquel viaje con una buena sensación. Los Bennett no la tendrían sencilla intentando tumbarla. Les demostraría que ella tenía también de donde agarrarse, y les daría una pelea que no estaba dispuesta a perder. Contaba con Jackson Williams después de todo.

En su solitaria mansión, Jackson mantenía sus pensamientos en Katherine, sin embargo, el nombre de John Bennett y la manera en que su joven protegida hablaba de él…le habían dejado el corazón inquieto. Sabía que Katherine era una mujer inteligente, pero, después de todo, ella seguía sintiendo amor hacia Henry Bennett, y esa curiosidad que sentía hacia el hermano menor de este, tan solo desataría el caos si aquella trascendía más allá de lo debido, y eso, por supuesto, no debía de ser.

En New York, el canto de los pájaros esa mañana era realmente hermoso. A pesar de aquella ligeramente fría brisa, el cielo estaba despejado mostrando un hermoso cielo celeste con algunas nubes blancas que se hallaban dispersas.

La emoción de un par de niños que desde temprano se hallaban despiertos, podía notarse en aquellas risitas juguetonas e inocentes que se escuchaban por todo el departamento de Katherine Holmes, y que llenaban de alegría el corazón de la mujer.

Era fin de semana, y desde luego, aquel par de traviesos gemelos añoraban salir de paseo como hacían antaño a los parques; en esta nueva ciudad aún no lograban salir de paseo tan a menudo, tenían a Central Park justo enfrente.

— Mami, mami, ¡Queremos ir al parque! — gritaron al unisonó los niños de cabellos castaños y ojos azules, que hiperactivos brincoteaban por aquí y por allá.

Katherine se río junto a ellos; era imposible no contagiarse de su alegría, y sintiéndose un poco más tranquila, después de varios meses de haber llegado a New York, decidió sacar a pasear a sus pequeños.

La feria del condado estaba abierta, y sabiendo bien que nadie de los arrogantes Bennett se rebajaría a asistir a un evento como ese, les sonrío a sus pequeños, ¿Porque no? Después de todo, los pobres niños apenas y si habían visto el exterior desde que llegaron a vivir a ese lugar.

— ¿Les gustaría ir a la feria? —

Los ojos de Gabriel y Emma se iluminaron completamente y su rostro se mostraba lleno de emoción.

— ¡Si! ¡Si queremos ir a la feria! — gritaron los niños que intensificaron sus brincos y risas emocionadas, y luego abrazaron a su madre que compartía su felicidad con ellos.

— Bien, bien, vayan a bañarse y vestirse, salimos en una hora. — dijo Katherine alegre de ver la felicidad y la emoción de sus hijos.

Sin embargo, y aun cuando el hombre realmente le gustaba, no podía terminar de involucrarse de esa manera con él, pues había cosas que con el simplemente no podía compartir.

— Estamos listos mamita. — la inocente voz de sus hijos la distrajo de aquellos complejos pensamientos, y al mirar como sus hijos se habían vestido con cualquier ropa que habían encontrado en el closet, se río al ver que los colores no combinaban unos con otros.

— Debieron decirle a su nana que los ayudará a vestirse, parecen payasitos con esos trapos, vengan, vamos a buscar ropa adecuada y cómoda para poder subir a los juegos. —

Los niños se rieron de su pequeña travesura, y Katherine sabía que ellos eran la principal razón por la que no debía de rebasar completamente la línea con el apuesto y cínico John Bennett.

En su departamento, John miraba aquella simple respuesta de Katherine que lo dejaba algo deprimido. No había podido verla desde el día anterior en que tuvo ese corto viaje a Nevada, y apenas habían hablado algo por mensaje.

Se sentía como un gato enjaulado; quería verla, pero la Holmes sabía cómo darse a desear. No era una mujer fácil, eso era obvio, y tampoco era que él quisiera solo jugar, pues por Katherine comenzaba a sentirse realmente enamorado.

Encendiendo el televisor, John miraba aquellos comerciales que anunciaban la feria del condado. Estaba aburrido, no quería pasar su fin de semana con una desconocida ni tampoco encerrado en casa, así que, tomando su chaqueta de cuero negra, tomo las llaves de su auto para ir a la feria. Al menos allí podría ver si lograba divertirse un poco.

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