—Gracias por lo de ayer John, los niños realmente lo pasaron muy bien, hacía mucho tiempo que no los miraba tan contentos. — decía Katherine con alegría.
—No tienes nada que agradecer, me gusto jugar con los enanos. — respondió John.
Katherine y John charlaban amenamente, sin percatarse ninguno de haber sido observados atentamente por Henry. La noche anterior, ambos se habían sentido cómodos, y a pesar de que aquel secreto se había descubierto por completo, Katherine confiaba plenamente en que John guardaría silencio, y el, realmente no quería que la rubia se sintiera insegura; le ayudaría a mantener aquello en secreto, después de todo, ella le importaba demasiado, y si había gente inocente en aquel juego de poderes que Henry había desatado a traición, esos eran ella y sus hijos, no iba a permitir que los lastimaran.
Entrando en la oficina de Katherine, John y ella seguían riéndose casi como un par de niños. Sin embargo, en algún punto de aquella charla, elena había ensombrecido su semblante, al recordar todas aquellas cosas que habían pasado.
—No fue sencillo John, tener a Gabriel y Emma completamente sola, no fue sencillo. Entré en labor en una casa pequeña, realmente pensé que moriría sin tener un seguro médico, trabajaba sirviendo mesas en el día y limpiando la suciedad en un restaurante por las noches, nadie quería contratar a una mujer embarazada que no contaba con estudios universitarios mientras yo seguía estudiando y armando mis proyectos a futuro con el dinero de mi padre, pero no me rendí, conseguí ayudas gubernamentales, conseguí becas, y así logre terminar de estudiar con mis hijos en los brazos, muchas veces, incluso, los lleve conmigo a la universidad, hice todo lo que tenía que hacer para asegurarme que ellos no sufrirían lo mismo que yo, y lo he conseguido. — aseguró Katherine con melancolía.
Katherine recordaba aquellos duros momentos que había tenido que atravesar, y la verdad, ni siquiera entendía porque razón era que le estaba diciendo todo aquello a John. Quizás, era porque el hombre le transmitía confianza, o tal vez porque él no la juzgaba como esperaba que lo hiciera. John no era como había imaginado que seria, se había dado cuenta de ello, y de alguna manera eso lograba reconfortarla.
Acercándose a ella, John entendía aquel sentimiento de Katherine; ella quería vengarse de Henry por todas aquellas cosas terribles que había tenido que sufrir, y aun cuando quizás aquello no era lo mejor, la apoyaría incondicionalmente.
Katherine lo hacía sentirse vulnerable, lo había sentir que nada importaba cuando ella estaba cerca. Él no era un idiota que no sabía diferenciar entre sentimientos, después de todo, tenía ya 27 años, y era un hombre de mundo. Se estaba enamorado de ella, el, se estaba enamorando de la ex esposa de su hermano menor, y no podía ni quería hacer nada al respecto.
Acercándose a ella, la arrincono sobre su escritorio, y la miró directamente a los ojos.
—Estoy contigo ahora Katherine, y haré lo que sea para mantenerte segura. — dijo con firmeza John.
—Lo se…John… — respondió Katherine.
Mirándose ambos a los ojos, John deseo besarla en los labios, y deseándola como nada más, aquel joven la sintió bajo su piel como si fuera la primera vez. Acercándose a ella, finalmente, John la besó. Aquel beso que había comenzado siendo suave, se tornaba demandante, hambriento, cargado de deseo y de sentimientos que parecían ser correspondidos.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.