—Gabriel, Emma, por favor no corran. — regañaba María la nana tratando de caminar tan rápido como le era posible. Recién regresaban del colegio.
Cuidar de dos niños tan pequeños y llenos de energía, a menudo podía ser un reto para la avanzada edad de la mujer. Gabriel y Emma se detuvieron para esperar a su vieja nana; ambos niños le tenían un gran cariño y amor a María, pues ella los había cuidado desde que eran prácticamente unos bebés.
—Vamos nana, queremos ver las caricaturas de la tarde. — dijo Emma acercándose a María para tomarla de la mano.
—Emma debemos esperar a que nana se sienta mejor, se ve cansada, ¿Estas bien nana María? — preguntó Gabriel al notar que la vieja mujer se veía muy agitada.
María se recargó un momento en la pared del pasillo antes de subir al elevador y llegar al departamento. Su respiración se había vuelto entrecortada y pesada, notándose que comenzaba a faltarle el aire. Con la visión borrosa, la nana María miró a los gemelos, sin embargo, en ese momento, y ante la vista aterrada de los gemelos, la vieja nana perdió el conocimiento.
—¡Nana!, ¡Nanita! — gritaron Gabriel y Emma con lágrimas en los ojos, intentando despertar a la vieja nana que aun respiraba con debilidad.
—Tranquilos, no la muevan. — dijo Henry Bennett que recién llegaba al edificio, y que se había encontrado con aquella desgarradora escena frente a los elevadores, mientras tomaba su celular para llamar a una ambulancia.
Tomando con delicadeza a la vieja nana María en sus brazos, Henry la acomodó en uno de los cómodos sofás de la estancia en la recepción, mientras las demás personas se acercaban a observar y murmurar preocupados.
—Papito, por favor, salva a nanita, ¡Sálvala! — decía la pequeña Emma llorando entre los brazos de su padre biológico.
Gabriel, asustado, se abrazaba también a Henry.
—Tranquilos, su nana va a estar bien, ya viene la ambulancia en camino, tranquilos, mis pequeños. — aseguraba Henry a sus hijos.
En Divane, Katherine meditaba en todo lo que había estado ocurriendo recientemente; eran demasiadas cosas para procesar tan rápido, pero había, finalmente, tomado la decisión de poner un límite entre ella y John…lo que había ocurrido entre ellos, no debía de haber pasado, concluyó.
— Estamos casi listos Katherine, el segundo local está terminado, pronto podrás abrir y lanzar tu nueva línea de ropa tal y como lo habíamos planeado cariño, esa perra de Emily Gibson y los Bennett, no sabrá que la golpeó. —
Aquella voz masculina al otro lado de la habitación, la había hecho sonreír.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.