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¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos. romance Capítulo 53

—Gabriel, Emma, por favor no corran. — regañaba María la nana tratando de caminar tan rápido como le era posible. Recién regresaban del colegio.

Cuidar de dos niños tan pequeños y llenos de energía, a menudo podía ser un reto para la avanzada edad de la mujer. Gabriel y Emma se detuvieron para esperar a su vieja nana; ambos niños le tenían un gran cariño y amor a María, pues ella los había cuidado desde que eran prácticamente unos bebés.

—Vamos nana, queremos ver las caricaturas de la tarde. — dijo Emma acercándose a María para tomarla de la mano.

—Emma debemos esperar a que nana se sienta mejor, se ve cansada, ¿Estas bien nana María? — preguntó Gabriel al notar que la vieja mujer se veía muy agitada.

María se recargó un momento en la pared del pasillo antes de subir al elevador y llegar al departamento. Su respiración se había vuelto entrecortada y pesada, notándose que comenzaba a faltarle el aire. Con la visión borrosa, la nana María miró a los gemelos, sin embargo, en ese momento, y ante la vista aterrada de los gemelos, la vieja nana perdió el conocimiento.

—¡Nana!, ¡Nanita! — gritaron Gabriel y Emma con lágrimas en los ojos, intentando despertar a la vieja nana que aun respiraba con debilidad.

—Tranquilos, no la muevan. — dijo Henry Bennett que recién llegaba al edificio, y que se había encontrado con aquella desgarradora escena frente a los elevadores, mientras tomaba su celular para llamar a una ambulancia.

Tomando con delicadeza a la vieja nana María en sus brazos, Henry la acomodó en uno de los cómodos sofás de la estancia en la recepción, mientras las demás personas se acercaban a observar y murmurar preocupados.

—Papito, por favor, salva a nanita, ¡Sálvala! — decía la pequeña Emma llorando entre los brazos de su padre biológico.

Gabriel, asustado, se abrazaba también a Henry.

—Tranquilos, su nana va a estar bien, ya viene la ambulancia en camino, tranquilos, mis pequeños. — aseguraba Henry a sus hijos.

En Divane, Katherine meditaba en todo lo que había estado ocurriendo recientemente; eran demasiadas cosas para procesar tan rápido, pero había, finalmente, tomado la decisión de poner un límite entre ella y John…lo que había ocurrido entre ellos, no debía de haber pasado, concluyó.

— Estamos casi listos Katherine, el segundo local está terminado, pronto podrás abrir y lanzar tu nueva línea de ropa tal y como lo habíamos planeado cariño, esa perra de Emily Gibson y los Bennett, no sabrá que la golpeó. —

Aquella voz masculina al otro lado de la habitación, la había hecho sonreír.

— Eso es amiga, definitivamente esa perrita no sabrá que la golpeó, esto es mejor que un drama coreano, ya quiero ver cómo termina todo. — respondió Neville complacido.

En la mansión Gibson, Emily Gibson buscaba una y otra vez en internet algún vestido de la galas de caridad que el gobernador con ayuda de alguien importante de los negocios, estaban preparando para dentro de tres semanas; estaba segura de que Katherine estaría allí como invitada, después de todo, ella ahora era una figura de cierta relevancia en la ciudad, y no podía permitir que esa mujer la opacara; no cuando su madre y futura suegra, habían decidido anunciar el compromiso entre ella y Henry durante esa velada para formalizarlo.

Mirando los diseños de Neville, decidió comprar uno de sus vestidos; nunca había visto una prenda tan bella y de tan alta calidad como la que mostraba aquella imagen; era casi como si los mejores diseñadores se hubieran reunido para crearlo.

— Divane… — musitó Emily al mirar la colaboración, y sintió como su sangre ardió repentinamente al saber que esa mujer había estado involucrada en el diseño.

Escribía nuevamente pero no había resultado alguno de su incansable búsqueda. ¿De dónde sacaría un diseño tan precioso tan rápido? La prenda que escogiera debía de superar todo lo que Katherine Holmes hubiera diseñado, de eso no tenía ninguna duda. Quería tener el mejor vestido de la noche; había decidido que compraría el mejor del mundo para usarlo la noche de la fiesta de caridad a la que esa miserable también asistiría, pues resultaba evidente que para ese evento Katherine iría con algún diseño perfecto, pero no iba a lograr opacarla…no de nuevo. No iba a permitir que esa miserable rubia destacará sobre ella esa noche, como nunca había logrado destacar en su vida.

Tenía que encontrar el vestido perfecto para ser ella quien destacará el gran día de su horrible enemiga y rival. Dándose por vencida con las mismas marcas reconocidas de siempre, comenzaba a buscar la prenda perfecta para arruinar esa noche para Katherine y que se convirtiera en su noche perfecta.

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