Las películas infantiles se habían terminado, y el pequeño Gabriel, así como Emma, yacían durmiendo en la enorme cama que pertenecía a su padre mientras este lo arropaba y Henry notaba aquella hermosa sonrisa infantil que se les dibujaba en los labios. Se preguntaba qué tipo de sueños estaban teniendo, y si eran tan maravilloso que le permitía sonreír entre sueños.
Katherine se había salido a caminar por los jardines del ultimó piso en donde también se hallaban las piscinas, quizás, para tomar algo de aire fresco, después de todo, nunca seria cómodo el estar a su lado después de todo lo que entre ellos había ocurrido…y después de aquel beso apasionado que él le había dado.
Sintiéndose inseguro, Henry decidió salir junto a ella esperando que esta no se hubiese arrepentido de aquel íntimo y breve momento que compartieron juntos en la cocina. El, conservaría aquel recuerdo como uno de los más valiosos de su vida, y las esperanzas de recuperar a la mujer que realmente amaba, brotaron en el cómo hacen las margaritas en medio de la fría nieve anunciando la llegada de la primavera.
Katherine, sentía el sereno de la noche besándole la cara. Aun sentía sus mejillas ardiendo, su corazón latiendo gravemente deprisa, y el calor de aquel apasionado beso que ella y Henry habían compartido. Era un error, ella lo sabía, pues no podría olvidar jamás lo ocurrido entre ellos, pero, lo cierto era, que aquel beso había reavivado en ella sentimientos que quiso tener muertos, y que no podía apartar por más que lo quisiera.
—Te encontré. —
La voz de Henry y su cálido aliento chocando con su oído, la paralizaron en ese instante en que sintió como su cuerpo, mucho más pequeño que el de él, la envolvió en un abrazo por la espalda que la hizo recordar aquellos tiempos felices que añoraba con el alma.
Sentir aquella presión de su cuerpo contra el suyo, hizo que Katherine se sintiera perdida entre nubes de color de rosa, como si el tiempo y la cruel mentira de Emily Gibson no hubieran transcurrido, y ellos en realidad no se hubiesen separado nunca. Era tan hermoso y doloroso que no tenía fuerzas para resistirse…ya no más. Girándose, miró a los ojos tan azules de aquel hombre que dolía tanto como lo añoraba, sentir sus manos, sentir sus besos, todo aquello que deseo siempre estaba frente a ella y, al menos en ese instante, no quería oponer resistencia y quería olvidar su odio y su venganza, al menos no quería pensar en ello en ese momento que se le antojaba mágico.
—Henry…yo. —
Henry silencio los labios de Katherine nuevamente en un apasionado beso. No había espacio para la conciencia, no había tiempo para cuestionarse nuevamente si aquello era lo correcto o un error más…tan solo el amor y el deseo se hicieron presentes, dejando de lado a la mente y su lógica que murieron en el instante que se sintieron tan cerca, Katherine quiso cegarse, solo un momento.
Caminando entre las flores como un par de adolescentes, sin miradas curiosas en aquel jardín que se hallaba en el último piso de aquel edificio, recostados entre la hierba húmeda ocultos del mundo y su crueldad...los eternos enamorados se entregaban a las caricias y los besos desenfrenados, sin querer pensar ni saber nada más ni en nadie más, lejos de las intrigas y las crueles mentiras que los separaron.
Allí, en medio del silencio de la noche, sobre un vestido que fue arrancado y un saco elegante de caballero que salió volando, dos cuerpos semi desnudos ignoraban el sereno de la casi madrugada.
Henry acariciaba los suaves pechos de la mujer que amaba, Katherine besaba los pectorales perfectos del amado y añorado Henry. Entregados a los placeres del amor hasta quedar enteramente desnudos, expuestos el uno al otro...un vago y doloroso recuerdo atravesó como una espina el corazón de la bella Katherine, que, por un momento recordó el abandono, la mentira, y todo el sufrimiento que atravesó.
Sin embargo, consciente que no del todo lo ocurrido aquel día había sido culpa de Henry, Katherine dejó de lado aquellos grandes temores y todo lo demás…incluso el dolor de lo pasado se le había olvidado en ese momento. Todo parecía no ser tan importante en ese instante en que sus nublados sentidos cedieron a la pasión y el amor que aun sentía por su exesposo.
— No tengas miedo...no voy a lastimarte...— susurraba con gentileza Henry, tan nervioso como nunca estuvo, ni siquiera en su primera vez.
Sintiéndose listos para ser uno mismo, Katherine lo recibía dolorosamente dentro de ella. Ella efectivamente, parecía no haber estado con nadie en mucho tiempo, y aquello encendió sus instintos de posesión más primitivos de nuevo, ella, su adorada Katherine, solo debía de ser suya.
— Por favor...sigue...no te detengas...— suplico Katherine.
De nuevo besándose, amándose, entregándose no solo en cuerpo si no también en alma, habían dejado el amargo momento atrás, besos y caricias lograban borrar el horror del pasado, él era su amor, fue su pasado, era su presente…y quizás, su futuro, no importaba nada más, ni nadie más.
Katherine no quería más de aquel dolor que la marco para siempre...acelerando el ritmo de sus embestidas el placer de ambos llegaba a su clímax, regalándole un placentero orgasmo a ambos, uno que Katherine sentía como el primero y que calmaba de alguna extraña manera parte de esos malos y dolorosos recuerdos.
Desplomándose sobre la mujer que amaba, Henry dejaba un casto beso en sus labios y su frente que se hallaba perlada por el sudor que su amor dejaba...la amaba...la protegería...ahora nuevamente se pertenecían en cuerpo y alma y no permitirá que nadie los separara jamás.
La luna en lo alto cubría a aquellos amantes que realmente nunca habían dejado de amarse. El amor los había dejado cansados. Aquello, no era correcto, pero, aun así, no les importó. En ese instante, abrazados y cubiertos apenas por sus escazas ropas, volvieron a soñar con aquella vida que les fue negada por las peores envidias e intenciones…en ese momento volvían a ser aquellos que se amaron incondicionalmente desde el primer día.
Sus amados ojos zafiro que devolvían su reflejo en ellos, la luna en el cielo, mudo testigo de su amor...Henry y Katherine se habían amado, se habían entregado el uno al otro.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.