La luz del sol de mediodía entraba directamente por los ventanales de su solitaria alcoba. La ciudad y sus sonidos se escuchaban a lo lejos haciendo como una especie de música de fondo para sus muchos pensamientos. Katherine se miraba en el espejo de su habitación, en donde se hallaba desnuda contemplándose mientas sentía un mar de emociones contradictorias en su interior.
Katherine miraba como el paso de los años y, también, las marcas de un embarazo sufrido habían dejado marcado su cuerpo para siempre. En aquel momento, se sintió nuevamente avergonzada de sus actos y sintió una profunda decepción de sí misma después de haber recobrado la cordura que aquel momento con Henry le arrebato. En ese momento en que sus sentidos se nublaron, no pareció realmente importarle todo lo que su historia llevaba detrás, y ella no podía olvidarlo…no debía olvidarlo.
El regreso a su departamento había sido silencioso; ella no había tenido nada que decir y Henry tampoco nada que platicar. Era como si ambos hubiesen estado reflexionando sobre sus acciones; arrepentidos de haber caído en aquel fuego y pasión que los deseos reprimidos les incitaron. ¿Henry se arrepentía?, ¿Ella lo hacía realmente? Se cuestionaba mientras seguía contemplándose. Poco o nada importaba ya la respuesta que conocía tan bien…aquello había sido un error y no permitiría que fuese más que eso.
El amor era una cosa curiosa, incluso, Katherine podría decir que aquel sentimiento le resultaba despreciable. Ella no quería sentir lo que por Henry Bennett sentía, y, sin embargo, no podía dejar de sentirlo. La culpa de lo hecho la noche anterior, sumado a todo lo que ella había jurado que no sería más, la mantenían en ese estado de angustia que no lograba superar.
Ella no solo se había acostado con su exesposo, si no, que había terminado aceptando para sí misma que no había dejado de amarlo jamás…además, le había fallado miserablemente a su deseo de venganza, y a todas esas personas que tanto habían sacrificado para que ella hiciera lo propio con su enemigo jurado, le había fallado a Jackson, el buen hombre que la había apoyado más que nadie y a quien le debía todo lo que actualmente era, y, sin embargo, no había logrado sentir hacia el más allá de aquel sincero cariño y genuino aprecio, que en nada se parecían al amor.
El sonido de la vibración de su celular arrebató a Katherine momentáneamente de aquellas mil reflexiones, culpas y el enojo contra si misma que la bombardeaban en ese momento. Leyendo el mensaje, aquel sentimiento de culpa que la embargaba se hizo aun mayor, y la hizo sentir que era una horrenda y traicionera persona.
“Perdóname querida por ausentarme tanto, pero estaba preparando algo muy especial para ti, quiero que esta noche uses el vestido que debe de estar por llegarte, iremos a cenar a un lugar muy especial hoy para celebrar el lanzamiento de la nueva línea de Divane y la apertura de la nueva sucursal después de la velada en el evento de caridad. Con cariño, Jackson Williams.”
Lo había olvidado por completo.
Cumpliría ya dos importantes objetivos, dos objetivos más que no habría logrado llevar a cabo sin la invaluable ayuda de Jackson. ¿Qué clase de mala y desagradecida persona era ella?, ¿Cómo había podido hacerle semejante cosa al único hombre que la había apoyado y protegido?, Quizás, en el fondo, ella no era tan diferente de Emily Gibson...se había acercado a Henry, y ya hasta habían yacido en la intimidad, mientras que Jackson seguía apoyándola incondicionalmente.
Cubriendo su desnudez con una bata de seda blanca, Katherine se sintió completamente miserable. Estaba decepcionada de sí misma, estaba dolida con ella y se culpaba por haber vivido aquella hermosa noche junto a Henry, el único hombre al que ella amaba y amaría por siempre…sin embargo, aun a pesar de que era de tal manera, no volvería a permitir que nada así volviera a pasar…aquel error no iba a volver a repetirse…y se repetía aquello como un mantra, sabiendo bien que, en realidad, no sentía arrepentimiento de lo que entre ellos había ocurrido.
Después de hacer el amor, y pasar un momento mágico contemplando a la luna, ella se había apartado de Henry completamente decepcionada, y no había permitido que este volviera abrazarla.
Ella no podría perdonarlo jamás, e incluso, Henry, dolorosamente aceptaba que no era merecedor del perdón de su sufrida exesposa, pues él la había arrojado a un mar de sufrimientos de manera cruel e injusta, tan solo por sus miedos y natural desconfianza.
Si, él había sido engañado con aquel montaje, le habían hecho creer que su amada Katherine lo había engañado, sin embargo, aun a pesar de ello, debió de haber confiado en la mujer que amaba, debió haberla escuchado…debió permanecer a su lado sin importar qué y para honrar aquella promesa que una vez le juro ante el altar de esa iglesia…y que deshonro por completo al abandonarla.
No era digno de su amor, no era digno de su perdón, y era él y solo él, el que debía de sentirse decepcionado de sí mismo, era él y solo él el que debía cargar con toda la culpa de lo ocurrido. Aun cuando ambos se amaban, aun cuando todo lo que realmente desearon en ese hermoso momento bajo la luz de la luna era seguir juntos y permanecer así por siempre, aquellas heridas imborrables de los errores pasados, les impedirían seguir hacia adelante. Solo sanando la herida punzante y aun sangrante de su pasado, quizás, podrían mirar hacia un futuro…pero no era el quien debía perdonar, no era el quien debía olvidar…y no la forzaría a ella a hacerlo. Tan solo le rogaria a Dios que les permitiera estar juntos una vez más. Solo eso.
Katherine se miró una última vez en ese espejo antes de salir de su alcoba. Aquel vestido negro tan elegante, parecía combinar con el luto que sentía en su alma. Luto por aquel amor renacido que no debía de ser.
Jackson la estaba esperando para “su gran noche” y ella, no sabría si sería capaz de mirarle a los ojos. Y mirándose una última vez en ese enorme espejo, tan solo deseo estar con una persona en ese momento…soñó añorante estar nuevamente entre los brazos de Henry.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.