Aquella mañana, Jhon Bennett despertaba de un reparador sueño. Abriendo los ojos, se los tallo sintiendo como la luz del sol se colaba débilmente por las ventanas, y los recuerdos de su tarde en la cafetería junto a Lorena Flores, le hicieron sonreír sin realmente estar consciente de ello, y sin darse cuenta, aquella radiante mañana, tampoco la amanecía pensando en Katherine.
Riéndose nuevamente en la soledad de su departamento, Jhon recordó como Lorena no solo había cumplido con lo que le había dicho, sino que también se había terminado la enorme cantidad de comida que pidió en un tiempo récord que el no pudo, por más que lo intentó, superar. Jamás había conocido a una chica como ella, admitió para sí mismo, y la espontaneidad y gran humor, así como el gran apetito de la chica, le habían hecho tener un rato por demás agradable.
Levantándose de la cama, Jhon abrió las cortinas de su oscurecida habitación, y disfruto de la calidez del sol de esa mañana. Tomando luego los papeles de la investigación que el jefe detective de Lorena le había enviado con ella, de a poco, su buen humor y su semblante relajado se fueron formando en una mueca de sorpresa y preocupación.
“Un homicidio sin resolver”
“Una joven sirvienta que desapareció sin dejar rastro”
“Un patrón de conducta obsesivo y peligroso, que la realeza intenta esconder durante años”
Todas esas frases leídas en el informe hicieron que la piel de Jhon se erizara y un escalofrió recorriera su medula espinal. Tomando su chaqueta de cuero, el más joven de los Bennett guardó también aquel informe dentro de su maletín, y se apresuró a salir en busca de su hermano mayor, pues si las teorías y deducciones de su investigador privado, así como las incógnitas sin resolver que había leído y que estaban directamente involucradas con Jackson Williams eran ciertas, entonces, tanto Katherine como sus hijos, estaban en un gran y terrible peligro.
En Francia, Katherine sonreía mientras observaba a sus hijos jugando con el pequeño gato al que habían adoptado, y a quien habían llamado David por razones que ella desconocía. Martha, observaba a su mejor amiga sonriendo por primera vez después de tantos días, y se sintió reconfortada por ello; había decidido no decirle nada a Katherine del pequeño viaje que la nana María y los gemelos Gabriel y Emma habían hecho al pueblo para llamar a Henry Bennett.
—¡Anda David, que el ratón se te escapa! — gritaba Emma que jugaba a mover bruscamente un ratón de tela sujetado a un delgado palo de madera, y que David perseguía traviesamente.
Gabriel se reía y corría con una pelota en sus manos, intentando llamar la atención del pequeño David, que ahora estaba limpio y reluciente, llevando un pequeño listón azul en el cuello. El pelaje anaranjado del gato, era suave al tacto, y sus ojos verdes se emocionaban al jugar con los pequeños gemelos que lo habían rescatado.
El atardecer, de a poco, moría en la penumbra de la noche, y los niños se trasladaban del exterior de aquella rustica casa, hacia el interior de esta conforme avanzaba la oscuridad, y las lámparas eléctricas comenzaban a encenderse. Sin embargo, el corazón de Katherine, aun estremecido por los recientes acontecimientos que se habían suscitado en su vida, lo sentía dolerse nuevamente.
Al final, había terminado por enviar una respuesta al magnate Muhabi aceptando su propuesta, pues, inevitablemente, los errores cometidos por Henry y sus asesores, habían terminado por cavar su tumba, y ella sería muy estúpida si no aprovechaba aquella oportunidad que terminaría por hundir también a los Gibson…después de todo, en su corazón guardaba secretamente la esperanza de que Henry y ella, de alguna manera, terminarían de limpiar el doloroso pasado que los unía, y ella podría ayudarle a restaurar la gloria que una vez tuvieron los Bennett, siendo ese el ultimo golpe que le daría a su última enemiga para herir su orgullo…Antonella.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.