En aquel paramo solitario, las pasiones dormidas despertaban, y dos almas enamoradas se entregaban al amor que, durante tanto tiempo, en medio de rencores y de odios, habían reprimido.
—¡Ahh! — Katherine gimió cuando la larga hombría de su amado Henry se frotó contra ese pequeño botón de su humedecida intimidad que solía volverla loca, y con desespero, mordió su labio y luchó por callarse.
Katherine frunció el ceño y apretó sus ojos cuando Henry, al bajar más sus pantalones, se apretó contra ella. Volvió a gemir.
—¡Mi diosa! Eres perfecta, Katherine…— le aseguró Henry con su respiración escapando por sus labios al acariciar con sus manos sus piernas, y apretando finalmente los redondos glúteos de la rubia, sintiendo como las ansias por hacerla suya una vez más, lo estaban consumiendo.
En aquel momento, y ya sin lograr resistir un segundo más aquella desesperación, Henry la levantó al sujetarla con ambas manos por la cadera y buscó hundirse en su cuerpo.
—¿Estás lista, mi amor? — el magnate de cabellos castaños le preguntó jadeante e impaciente por ella.
Katherine sintió un estremecimiento recorrerla al sentir la punta del hinchado y casi palpitante miembro de su amado exesposo en su entrada femenina.
— S-si…lo estoy. — respondió ella ya sintiendo como su propia desesperación y ansiedad por volver a ser uno mismo, la consumía.
Sonriendo, Henry dejó un suave beso en los labios de su amada, y apartándose un poco, la miró directamente a los ojos.
—Entonces…— dijo Henry, y sin mencionar nada más, la traspasó de un solo movimiento con su endurecido miembro al dejarla caer sobre él, y sintiendo como la feminidad apretada de su exesposa lo recibía nuevamente.
Katherine gimió a pesar de morder su labio para evitarlo, y él no contuvo un ronco gemido placentero al volver a sentir su miembro ser acogido por la apretada intimidad de Katherine una y otra vez en aquel suave vaivén, en ese momento, Henry se tensó por unos segundos cuando ella se abrazó a él al soportar el placer mezclado con un ligero dolor al recibirlo.
— En ese caso, mi Katherine…— repitió. — Puedo disfrutarte a placer…en este solitario páramo. — finalizó Henry para apretar sus dedos en la cadera femenina forzándose a entrar todavía más en ella.
—Ah, Henry…Henry…Henry… — gimió Katherine al volver a llevar su rostro suavemente hacia atrás.
—¿Estás bien? — él le preguntó al comenzar a deslizar por sus brazos las mangas de ese vestido y el sujetador al mismo tiempo.
Katherine asintió y volvió a sentir la sensación de completo llenado que el grueso miembro del rubio provocaba en ella.
— Si… — respondió ella en un gemido.
Ayudado por la cooperación femenina, Henry por fin tuvo frente a sus labios el par de carnosos senos de Katherine, los mismos que lo venían cegando en deseo y que podrían ser fácilmente, la parte preferida de su cuerpo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.