—Te lo estás imaginando, yo no estoy embarazada. Agustín solo lo dijo para molestar al señor César —Fabiola apartó la mano de Sebastián, indicándole que no tenía por qué preocuparse.
—Aunque de verdad estuvieras… no dejaría que te lo quitaras —soltó Sebastián con voz profunda.
La miró con una mezcla de compasión y algo más difícil de descifrar.
—Fabiola… ¿ya no pelees conmigo, sí? Agustín solo te está usando, ¿para qué aguantas estas cosas con él? ¿No era mejor cuando estabas conmigo?
Fabiola no pudo evitar reírse ante aquellas palabras.
—¿Tú me das treinta millones al año? ¿Me regalaste una pulsera de quinientos millones? ¿Me compras lujos de cientos de miles de pesos todos los días? —le lanzó, encontrando ridículas las preguntas de Sebastián—. Comparado con todo eso, para nada me siento mal.
—Fabiola, no es que no pueda darte esas cosas, es que me da miedo que pienses que estoy jugando contigo, que solo te estoy comprando —intentó justificarse Sebastián, con la voz un poco quebrada—. Yo sí quiero darte todo eso…
Él sabía bien que sus amigos, cuando se trataba de amantes o de chicas a escondidas, siempre eran generosos.
Él podía hacer lo mismo, pero estaba seguro de que Fabiola tenía su orgullo.
Si le daba ese tipo de regalos mientras le pedía que fueran novios, ella sentiría que la estaba manteniendo.
—Señor Sebastián, mejor mantengamos distancia. Ahora ya estoy casada —Fabiola se soltó de su mano, lista para marcharse.
—¡Fabiola! —Sebastián volvió a sujetarla del brazo—. ¿De verdad tienes que esperar a que Agustín te deje para volver a mi lado?
—Admito que antes cometí muchos errores contigo, puedo cambiar… —Sebastián, por primera vez, se tragó su orgullo para decir que podía mejorar.
Pero para Fabiola, eso solo resultaba ridículo.
—Ya hasta anunciaste la fecha de tu compromiso con Martina, ¿y ahora me sales con esto? ¿O sea que quieres que, cuando ya estés casado con Martina, yo me convierta en tu amante?
Sebastián arrugó la frente.
Claro que podía casarse con Fabiola, pero tenía que esperar, afianzarse en el Grupo Benítez, deshacerse de esos dos hijos ilegítimos…
Fabiola guardó silencio unos segundos y, con calma, apartó la mano de Sebastián.
—Sebastián, deja de engañarte. No me amas.
Cuatro años no habían sido suficientes para que Sebastián se enamorara de ella; ¿por qué iba a creer que ahora sí tenía un lugar en su corazón?
Sebastián solo era demasiado competitivo, no podía soportar que alguien más se llevara el juguete que aún no había terminado de usar, y nada más.
—Te deseo lo mejor con Martina, que sean muy felices —Fabiola se dio la vuelta y regresó al restaurante.
Sebastián quiso decir algo más, pero era obvio que Fabiola ya no creía nada de lo que pudiera prometerle.
A menos que Agustín de verdad la abandonara y Fabiola volviera a caer en el abismo de hace cuatro años… de lo contrario, parecía que nunca regresaría a su lado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Florecer en Cenizas
Queria esse lucro em português brasileiro...