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Florecer en Cenizas romance Capítulo 155

Fabiola reflexionó un momento. Recordó la primera regla de la “guía para canarios” de Estefanía: nunca debes ver a otro hombre a escondidas del patrocinador.

El patrocinador se molesta, se incomoda, se siente desplazado.

Sin embargo, el hecho de que la chica terminara su examen de ingreso universitario sí merecía celebrarse. Así que Fabiola decidió enviarle un mensaje a Agustín.

[Hace cuatro años, Sebastián apoyó económicamente a una niña. Ahora que terminó su examen de ingreso universitario, ¿puedo ir con él a verla?]

No recibió respuesta de Agustín.

Fabiola sintió una punzada de decepción. Seguramente estaba ocupado.

—Agustín no tiene tiempo para ti ahora —tiró Sebastián, con un tono sarcástico que no podía ocultar su malestar. En el fondo, estaba celoso.

—Dime la dirección entonces. Yo voy sola. No pienso subirme a tu carro —le soltó Fabiola, dejando claro que no pensaba quedarse a solas con él.

El comentario de Fabiola le dolió a Sebastián, como si le apretaran el pecho. Nunca tomó en serio el matrimonio entre Fabiola y Agustín; para él, era claro que acabaría en divorcio y lo veía como un simple juego de niños. Sin embargo, Fabiola se empeñaba en enfurecerlo a propósito.

Ese rechazo tan evidente era solo para molestarlo, y él lo sabía.

Sebastián se contuvo, sin atreverse a enojarse demasiado por miedo a que Fabiola se alejara.

—Está bien, pero agrégame de nuevo al WhatsApp y pasa mi número a tu lista de contactos. Así te envío la ubicación.

Fabiola se lo pensó.

—No lo voy a hacer.

Sebastián no pudo evitar reírse, entre frustrado y resignado.

Desde siempre supo que Fabiola era terca, pero no imaginó que llegara a tanto.

—¿Tan importante es poner límites conmigo? Dices que ya no me quieres, entonces ¿por qué te molesta tanto tenerme bloqueado? Si de verdad no te importara, hasta podrías guardarme en tus contactos y ni te afectaría —replicó Sebastián, buscando provocarla.

Fabiola guardó silencio.

Sebastián insistió:

—Me adelanto, no hagas esperar mucho a la chica.

Inmediatamente, Sebastián subió a su carro y se fue, sin darle oportunidad de negarse

...

A cierta distancia, una trabajadora del lugar captó el momento con su celular; desde ese ángulo, la escena parecía demasiado cercana.

Anahí, aún sollozando, se aferró a Agustín.

—Agustín, al fin logré ponerme de pie…

Él la ayudó a incorporarse, con voz alentadora.

—Vas a mejorar cada día más. Cuando te sientas lista, te llevaré a ver a Vanessa.

Anahí asintió, limpiándose las lágrimas.

—Agustín, me prometiste que si podía volver a caminar, te casarías conmigo…

Agustín bajó la mirada. Se quedó contemplando el anillo en su dedo, sumido en un silencio largo y pesado.

—Yo ya…

—Lo sé, Karla regresó. Seguro tu abuelo te va a presionar para que te cases con ella. No te preocupes por mí —negó Anahí con la cabeza, resignada—. Yo tengo la culpa de lo que pasó… Soy mayor que tú y llegué a sentir cosas que no debía. Tu abuelo se molestó conmigo, y que no me dejara entrar a la familia es comprensible…

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