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Florecer en Cenizas romance Capítulo 187

—No es que necesite un cuidado especial, solo que me gusta estar rodeada de gente, no quiero quedarme sola… El doctor del centro de rehabilitación me dijo que no puedo estar sin compañía. Vani tiene que ir a la escuela durante el día y no puede quedarse conmigo… Así que pensé que, en vez de eso, podría hacerle compañía a Fabiola —insistió Anahí, incluso sacando una nota del doctor como respaldo, para recordarle a Agustín.

Fabiola sintió un escalofrío. No sabía si era su imaginación, pero le pareció captar una pizca de amenaza escondida en las palabras de Anahí…

Como si quisiera decir que, si Agustín no le permitía quedarse en la casa grande, algo malo podría pasarle.

—La casa ahora le pertenece a Fabiola, así que debe ser ella quien lo decida —Agustín miró a Fabiola, con la esperanza de que se le ocurriera una razón convincente para negarse.

Así, tal vez Anahí dejaría de insistir.

Pero Fabiola no tenía ni idea… De repente, la responsabilidad cayó sobre ella, dejándola totalmente descolocada.

—Anahí, yo prefiero la tranquilidad… ¿Qué te parece si le pido a Sofía que te acompañe? Por ahora no necesito que me cuiden —rechazó Fabiola sin pensarlo demasiado.

En el fondo, no quería convivir a diario con el gran amor de Agustín. Y si llegaba a decir o hacer algo fuera de lugar, la situación se pondría incómoda.

Además, tenía sus propios motivos egoístas: no quería compartir a Agustín bajo el mismo techo con nadie más.

Agustín asintió.

—Me parece bien, que Sofía te acompañe. Tú y ella ya se conocen, y Sofía ha cuidado de Vani todos estos años, así que seguro se llevan bien.

El rostro de Anahí se tensó. Abrió la boca para decir algo, pero al ver que ni Agustín ni Fabiola daban su brazo a torcer, se limitó a mirar por la ventana, molesta y sin decir palabra.

Vanessa observó a su mamá en silencio, sin atreverse a intervenir.

Tenía un nudo en el pecho…

Sabía que su mamá amaba a Agustín y siempre había soñado con casarse con él. Pero ahora… Agustín ya había elegido a otra.

Si Fabiola fuera una mujer cualquiera, quizá sería diferente. Pero justo Fabiola… era especial.

Sintió que se le tensaba todo el cuerpo. Ya estaba, lo inevitable había pasado.

—Ah… sí, bueno, ahora el proceso es muy sencillo. Tras la extracción, te hacen el implante enseguida —tomó aire, buscando alguna excusa creíble.

Si Anahí se enteraba de que ella y Agustín ya tenían una relación de pareja, seguro se pondría celosa.

—No te pongas nerviosa, solo preguntaba —Anahí sonrió y le sirvió más comida a Fabiola—. Come bien, necesitas mucha energía para que el bebé nazca sano.

Fabiola asintió, respirando con dificultad. Sentía como si, en cuanto naciera el niño, tuviera que entregárselo a Anahí.

—Tranquila, yo me encargaré de cuidar a ese niño. Al fin y al cabo, es hijo de Agustín. Lo voy a tratar como si fuera mío —afirmó Anahí, sonriendo pero dejando clara su postura.

—Agustín dijo que, después de que nazca el bebé, durante tres años no nos divorciaremos; así que yo cuidaré del niño —Fabiola sentía cómo Anahí acababa de cruzar su línea.

Aunque apenas estaba empezando su embarazo, Fabiola ya sentía un profundo apego por ese hijo.

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