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Florecer en Cenizas romance Capítulo 193

Agustín asintió y se acercó a la cama.

—Si te duele algo o sientes molestia, dime de inmediato.

Los ojos de Anahí se llenaron de lágrimas. Alzó la mirada y le reclamó con una voz que sonaba a reproche.

—¿Por qué apenas llegaste? ¿Ya ni te importa si vivo o muero?

Agustín notó la agitación de Anahí y le habló con voz firme, intentando tranquilizarla.

—Tranquila, aquí estamos en el hospital. Hay médicos, aunque yo venga, no puedo ayudarte en mucho.

Anahí, furiosa, desvió la mirada hacia Fabiola.

Fabiola, que estaba a punto de darle otra mordida a su tamal, se detuvo y, casi sin pensarlo, lo escondió detrás de ella.

Pero justo después se preguntó por qué tenía que sentirse culpable… Al fin y al cabo, ella era la esposa de Agustín, aunque fuera solo de palabra.

—¿Fue ella quien te hizo llegar tarde, verdad? ¿No te dejó venir a verme? Agustín… tú me lo prometiste, dijiste que te harías responsable de mí —chilló Anahí, tan alterada que al mover la mano se arrancó la aguja del suero. La sangre manchó las sábanas blancas, dándole al momento un aire escalofriante.

Fabiola, al ver esto, no pudo evitar inquietarse. La situación de Anahí sí parecía grave; la bipolaridad era una de las enfermedades más peligrosas del ánimo, ¿no?

Por un instante, Fabiola se sintió mal. ¿No habría exagerado al jugarle esa broma a Agustín, retrasándolo a propósito para que Anahí tuviera una crisis?

Avergonzada, bajó la cabeza y guardó silencio.

—Ella no tiene nada que ver —Agustín se puso frente a Fabiola, bloqueando la mirada de Anahí—. Si sigues así de alterada, mañana mismo te mando a un centro de reposo.

Agustín frunció el ceño. Solo había permitido que Anahí saliera del centro porque los médicos y ella misma le aseguraron que su condición estaba bajo control.

Pero viendo esto, estaba claro que seguía igual de mal.

—Pero solo contigo me siento segura.

—Voy a pedirle a Emilio que se quede afuera de la puerta. Así puedes dormir tranquila —dijo Agustín, en tono serio.

—¿Por qué no tú? Antes siempre te quedabas conmigo en el hospital… ¿Ahora no quieres solo por ella? —reclamó Anahí, con el dolor marcado en la voz. No entendía por qué antes bastaba con que ella le rogara un poco para que él se quedara, pero ahora la rechazaba una y otra vez.

—Sí, porque mi esposa está embarazada, y no me siento tranquilo dejándola sola en la noche —contestó Agustín sin rodeos.

Antes lo hacía por compromiso y por su enfermedad, pero ahora sabía perfectamente cuál era su prioridad.

Fabiola esperaba un hijo suyo. Paulina y Karla seguro seguirían metiéndose donde no les llaman. Si pudiera, Agustín la tendría pegada a la cintura todo el día.

Fabiola lo miró, sin poder ocultar la sorpresa, sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho…

Así no se podía. Si seguían así, ella acabaría enamorándose de verdad…

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