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Florecer en Cenizas romance Capítulo 215

Él no quería que Fabiola se sintiera mal.

Pero siempre hay alguien que disfruta provocar problemas. Justo cuando Agustín estaba en la cocina, alguien le mandó a Fabiola la foto en la que aparecía con Sebastián.

[Tú y Sebastián andan saliendo, ya le conté todo a Agustín. Prepárate, porque seguro se va a desquitar contigo.]

Karla primero le pidió a Fabiola que la agregara a WhatsApp, y enseguida le mandó la foto junto con ese mensaje.

Fabiola se puso nerviosa. Por el ángulo de la foto, era prácticamente imposible explicar qué estaba haciendo con Sebastián.

¿Karla en serio ya se la envió a Agustín? ¿O todavía no la ha visto? ¿Por qué… por qué no se ha enojado ni le ha preguntado nada?

Si no la ha visto… ¿todavía alcanzaría a explicarle?

Y si ya la vio… ¿será que no le importa?

Desde niña, ella siempre había sido insegura, dudando de sí misma todo el tiempo.

Se levantó inquieta y fue hacia la puerta de la cocina.

Ahí estaba Agustín, ocupado, pero hasta cocinando parecía iluminar el ambiente.

Fabiola apretó los dedos y sintió el sudor frío en la palma de la mano.

—¿Qué pasa? ¿Por qué te quedas ahí parada? —Agustín la vio desde la entrada y le sonrió.

Ella siempre dejaba sus pensamientos escritos en la cara.

—Hoy fui a una reunión de excompañeros… pero resulta que me engañaron. No era ahí, en realidad era la mamá de Sebastián y la mamá de Martina quienes me citaron para ofrecerme dinero, querían que perdonara a Renata y Benjamín. —Fabiola se armó de valor para decirlo.

Agustín salió de la cocina con un platillo y lo puso en la mesa, mirándola directo.

—¿Por fin te animaste a contármelo?

A Fabiola se le hizo un nudo en la garganta. Así que sí lo sabía.

Entonces… ¿no se enojaba porque en el fondo no le importaba?

—La mamá de Sebastián pensó que yo seguía sintiendo algo por él, así que lo llamó para que me buscara, pero Sebastián no me presionó ni nada. —Fabiola bajó la voz.

—¿Y tú? ¿Todavía sientes algo por él? —Agustín la miró, sin apartar la vista.

Fabiola negó con la cabeza.

—No… ya no.

—Vamos a comer —le indicó Agustín—. Ve y lávate las manos.

...

Apartamento de Frida.

Apenas llegó a casa, Frida empezó a contactar a los grandes del mundo del diseño, buscando abrirle puertas a Fabiola.

Por ahora no podía revelar la verdadera identidad de Fabiola, pero haría todo lo posible para apoyarla.

—¿Y ya tienes noticias? —Tomás, sentado en el sillón, jaló a Frida hacia él y le tocó la panza.

—¿Tú crees que eres Cupido o qué? ¿Según tú, siempre le atinas? —Frida le lanzó una mirada de fastidio—. Ya estás grande, deja de decir tonterías.

Tomás puso cara de cachorro regañado.

—Primero me decías que era muy joven, que no era maduro ni estable. Ahora resulta que ya estoy viejo…

Frida no le prestó atención.

—Hablando de cosas serias —cambió Tomás el tono—, ¿te acuerdas del tipo loco que atrapó Carlos? El que intentó deshacerse de una niña en el hospital con veneno. Bueno, esa niña es Fabiola. Y, sin quererlo, puede que hayamos dado con el asesino de tu hermana y tu cuñado.

Frida se incorporó de golpe y le agarró la camisa a Tomás.

—¿Y hasta ahora me lo vienes a decir? ¿Una noticia así de grande y me la sueltas así nada más?

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