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Florecer en Cenizas romance Capítulo 230

En el cuarto día en Maldivas, Agustín recibió una llamada de su abuelo, quien le pidió que regresara un momento.

—¿Qué pasó? —Fabiola regresó del exterior y notó enseguida que Agustín traía el semblante apagado.

—Mi abuelo quiere que regrese un rato —respondió Agustín sin mucha expresión.

Fabiola sintió que la cosa no era tan simple. Volver solo porque sí... Agustín no estaría así de decaído por una petición cualquiera.

—Mañana vuelo a Ciudad de la Luna Creciente. Tú y Frida regresen juntas a Costa Esmeralda —dijo Agustín mientras revolvía el cabello de Fabiola, sugiriendo que lo mejor era que ella regresara con Frida.

Fabiola lo miró directo a los ojos.

—¿Por qué no te acompaño yo también?

Agustín guardó silencio un buen rato antes de negar con la cabeza.

—No hace falta.

No era que él no quisiera mostrarle sus heridas del pasado a Fabiola, en el fondo le daba miedo. Quería ser el apoyo de Fabiola, mostrarse imbatible, sin defectos ante ella.

Todo el mugrero de la familia Lucero, prefería que Fabiola no se viera arrastrada.

Fabiola también lo notó. Agustín tenía secretos que no quería que ella descubriera.

Y se dio cuenta de que quizá estaba yendo demasiado lejos.

En este tiempo, Agustín había sido tan bueno con ella que, poco a poco, Fabiola se estaba olvidando que su relación era, al final, un matrimonio por contrato.

...

Fabiola regresó a Costa Esmeralda en compañía de Frida. Tomás fue a recogerlas al aeropuerto.

—Hola, Fabiola, yo soy Tomás —Tomás se presentó extendiendo la mano.

Fabiola se apresuró a estrechársela.

—Hola... yo soy Fabiola.

Frida sonrió, mirando a Fabiola.

—Él es el tío de Agustín, deberías decirle tío también.

Fabiola lo miró sorprendida. Ahora todo cuadraba... por eso sentía que este hombre tenía un aire parecido a Agustín.

No se soportaban.

Agustín prefería negar que tenía un tío, y Tomás tampoco aceptaba a Agustín como su sobrino. Entre ellos, había más distancia que con un desconocido.

Frida incluso los había visto coincidir en alguna cena de la cámara de comercio. Ambos fingían que el otro no existía, ignorándose por completo.

Fabiola contuvo las ganas de preguntar, miró a Frida, pero al final decidió guardarse las palabras.

Mejor así...

Se notaba que Tomás y Agustín no querían que nadie más metiera las narices en ese asunto.

Tomás llevó a Fabiola hasta su casa y luego se fue con Frida.

Frida siempre trataba muy bien a Fabiola: le dejó su número, todas las formas posibles de contacto, y hasta una montaña de botanas y comida, como si la estuviera apapachando como a una hija.

Fabiola sentía que Frida tenía una calidez única, una vibra tan cercana que la hacía sentirse a gusto.

En esos días en Maldivas, Fabiola había sido genuinamente feliz. Conoció a varias personas influyentes del círculo social, y ahora podía decir que ya tenía algunos contactos ahí.

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