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Florecer en Cenizas romance Capítulo 241

Sergio miró a Agustín, que se acercaba con paso firme, y se quedó completamente sorprendido. Tantos años sin verlo y el niño de antes ya se había convertido en todo un joven… Además, la presencia de Agustín imponía tanto que Sergio no se atrevía ni a mirarlo directo a los ojos.

—Sr. Agustín, le presento al señor Sergio, su padre. Fue el Sr. Sebastián quien me pidió que los trajera a todos —comentó el asistente de Sebastián, tratando de mantener una sonrisa amable.

Sebastián lo había hecho con toda la intención, quería que Agustín supiera que él también podía meterle problemas.

Agustín soltó una carcajada burlona, pensando que Sebastián estaba actuando como un niño.

¿De verdad creía que trayéndole un papá y un “hermano barato” iba a lograr que el Grupo Lucero terminara igual que la familia Benítez?

—Vayan y díganle a su Sr. Sebastián que, si él dejó meter a su hijo ilegítimo al Grupo Benítez, fue porque no pudo con el paquete, porque es un inútil. Pero eso no significa que todos los demás sean igual de inútiles —sentenció Agustín, con un tono tan seco que el asistente ya no supo cómo reaccionar.

El asistente solo pudo asentir, tragando saliva, y de inmediato arrancó el carro para irse lo antes posible.

Fabiola veía a Sergio y su familia con asombro. ¿Padre? ¿No que el papá de Agustín había muerto?

—¿Tú eres Agustín? Ya creciste un montón —dijo Sergio, y enseguida intentó entrar a la casa acompañado de su esposa.

Agustín le bloqueó el paso alzando la mano.

—Esta es mi casa. Si entran sin permiso, puedo llamar a la policía y hacer que los arresten.

El gesto de Sergio se torció de molestia.

—Agustín, soy tu papá. Todo lo que tienes ahora te lo di yo.

Elvira no tardó en meter su cuchara.

—¡Él es tu papá! ¿Cómo no vas a dejarlo entrar a su propia casa?

Elvira comenzó a mirar la mansión con descaro.

—Agustín, ¿verdad? Seguro tienes un montón de casas. Esta déjasela a tu hermano, le queda cerca de su escuela.

Gastón se sintió avergonzado y empezó a inquietarse.

—En ese entonces, el Grupo Lucero estaba a punto de quebrar, pero ese era tu abuelo, era mi papá. Todo lo suyo debería ser mío como su heredero.

Sergio se aferraba a esa idea como si fuera lo único que tenía, y Fabiola lo notó de inmediato.

Ella se acercó y apretó con fuerza la mano de Agustín.

En ese instante, entendió por qué Agustín había estado tan apagado estos días: ahí estaba la raíz de todo.

—Papá, si de verdad huiste cuando el Grupo Lucero estaba en crisis, entonces mejor regresemos al pueblo, sigamos nuestra vida de antes. Si no tengo para la escuela, buscaré una beca. Yo puedo trabajar para mantenerlos, pero no vamos a meternos en la vida de otros. Esto no nos pertenece —Gastón trató de jalar a Sergio para irse.

—¡Hijo, estás mal de la cabeza! —Elvira se desesperó—. ¡Esto es el Grupo Lucero!

Miles de millones en activos, ¿por qué no pelear por ellos? Aunque no les tocara la mayor parte, con que la familia Lucero les diera una migaja, vivirían sin preocupaciones toda la vida.

Además, César solo tenía un hijo legítimo: Sergio.

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