Después de regresar de la biblioteca con los libros prestados, Fabiola quiso contactar a Agustín. Sostuvo el celular en la mano, la pantalla iluminada, pero, tras mucho dudar, no se atrevió a marcarle.
Permaneció en silencio un buen rato, hasta que por fin apagó el celular.
No podía pretender tenerlo todo a la vez.
Sentía que estaba exigiendo demasiado.
Al final, ella solo era la esposa por contrato; el niño también era solo parte de ese acuerdo. No tenía sentido esperar que Agustín hiciera más de lo pactado.
...
—Señora, ya llegamos —avisó el chofer cuando dejaron a Fabiola frente a la casa.
Ella volvió en sí, asintió y bajó del carro.
—Fabiola...
Vanessa apareció de nuevo.
Fabiola la miró con recelo.
—Por favor, ya no vuelvas a venir.
Los ojos de Vanessa se llenaron de lágrimas.
—Fabiola, perdóname —dijo en voz baja, la voz entrecortada.
Agachó la cabeza, conteniendo el llanto.
—Sé que no me vas a perdonar, y sé que fuiste tú quien le pidió a mi tío que me diera otra oportunidad. Si tú no hablabas, él jamás me habría dejado ir tan fácil... Ya solicité irme a estudiar fuera, pienso irme de Costa Esmeralda. No volveré a aparecerme frente a ti.
Fabiola guardó silencio.
De repente, a Fabiola le pareció que Vanessa también daba un poco de miedo...
—Pero Fabiola, la verdad... aunque yo no te hubiera empujado, ese niño tampoco se habría salvado —Vanessa levantó la cabeza y la miró de frente—. Ten cuidado con el señor César, y con Sofía. Fuera de mi tío, no confíes en nadie...
Fabiola se quedó helada, sin entender bien a qué se refería Vanessa.
—Tienes que saber algo, Fabiola. Hay cosas en este mundo que se pueden lograr con esfuerzo, pero hay otras... por más que luches, no las vas a cambiar. Eso es la clase social —Vanessa dio un paso adelante—. Eres huérfana. La familia Lucero nunca te va a aceptar de verdad. El señor César jamás va a permitir que su hijo tenga como esposa para siempre a alguien como tú. Y la familia Barrera tampoco va a dejar que uses a tu hijo para quedarte con el lugar de la señora Lucero...
Antes de que Vanessa fuera a empujar a Fabiola por las escaleras, ya había escuchado a alguien llamando por teléfono a Sofía.
Durante el tiempo que Sofía cuidó de Anahí, se quedó en el departamento de Vanessa. El lugar era pequeño y las paredes delgadas, así que una noche, cuando Vanessa salió a tomar agua porque no podía dormir, alcanzó a oír la conversación de Sofía por teléfono.
Alguien le había pedido a Sofía... que envenenara a Fabiola, que matara al bebé que llevaba dentro, y que, si podía, se deshiciera de las dos de una vez.
Había demasiadas personas queriendo hacerle daño a Fabiola.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Florecer en Cenizas
Queria esse lucro em português brasileiro...