—Esto no tiene nada que ver contigo, ¿por qué te empeñas en buscarle problemas a Agustín? —Fabiola lo encaró, molesta.
—Fabiola... tú y Agustín ya no tienen ese hijo, ya no hay nada que los ate. La familia Lucero es un enredo, muy complicado, y Sergio es apenas un problemita de todos los que hay ahí… Hazme caso, divorciate de él y regresa conmigo, ¿sí? —La voz de Sebastián sonaba suave, casi como si intentara convencerla con dulzura.
Parecía que aún creía que podía lograr lo de antes, que con unas cuantas palabras cariñosas ella volvería a sus brazos.
—Olvídalo de una vez, Sebastián. No quiero que vuelvas a buscarle líos a Agustín, ¿entendiste? Si lo haces de nuevo... —Fabiola lanzó la amenaza, aunque sabía bien que no tenía mucho peso.
Sebastián, por su lado, insistió con un tono un poco más apurado:
—Fabiola, Agustín nunca va a sentir nada verdadero por ti.
Pero Fabiola ya no quería seguir escuchando. Colgó la llamada de inmediato.
El teléfono volvió a sonar; era Sebastián de nuevo, pero esta vez ni siquiera le respondió.
No entendía por qué Sebastián seguía tan aferrado después de tanto tiempo. ¿Acaso cuatro años no le habían sido suficientes? ¿O le molestaba que su antiguo “juguete” ahora estuviera con alguien más?
Sentada en el sillón, Fabiola bajó la mirada y se quedó observando su vientre durante un buen rato.
Había soñado con tener a ese bebé en sus brazos, con que todo saldría bien.
Pero el golpe de la desgracia llegó de repente.
Vanessa solo había hecho lo que hizo porque Anahí la había presionado. Fabiola lo sabía, y aun así, no quería que su hijo sufriera. Sin embargo, hasta ahora, Agustín no había hecho nada en contra de Anahí. Eso le dolía, le dolía mucho.
Agustín decía que lo suyo con Anahí era solo por agradecimiento... Pero, ¿de verdad era solo eso?
Ese bebé también era hijo suyo.
No mucho después de que Agustín se fue, le mandó un mensaje a Fabiola.
[Voy a tener que salir de viaje por trabajo. Estaré fuera una semana.]
Fabiola se dejó caer en el sillón, sintiendo un vacío, y lloró sola un buen rato.
Sin ese bebé, ¿cuánto tiempo más podría durar su relación con Agustín, si desde el principio no había amor de verdad?
Pero Ximena no estaba satisfecha.
—Dicen que fue Vanessa, la hija de Anahí, la que te quitó al bebé. Y mira cómo Agustín ni se inmutó. Solo porque Vanessa es hija de Anahí, te hicieron pasar por todo esto y él ni se molestó en defenderte.
Ximena no paraba de lastimar, como si quisiera clavarle un cuchillo en el corazón.
—Todo el mundo sabe que entre Agustín y Anahí hay algo. La única que no lo quiere ver eres tú, que sigues creyéndote la Sra. Lucero —Ximena se tapó la boca, fingiendo reírse bajito, y se fue satisfecha.
Fabiola se quedó ahí, sin moverse, sintiendo cómo se le llenaban los ojos de lágrimas.
Cuando nadie mencionaba estos temas, solo le dolía un poco por dentro.
Pero ahora que todos sabían que Agustín era más considerado con Anahí, sentía como si le arrancaran un pedazo del alma.
Ahora sí estaba segura de lo que sentía… le dolía porque en verdad le importaba.
Y, por más que quisiera negarlo, cada vez crecía más ese deseo de ser algo más que solo la esposa de contrato…

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Florecer en Cenizas
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